La salud hepática ha cobrado un protagonismo creciente en el manejo de la prediabetes y la diabetes mellitus tipo 2 (DM2), especialmente debido a la elevada prevalencia de la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, anteriormente conocida como NAFLD). La Asociación Americana de la Diabetes (ADA) ha emitido un informe de consenso que recomienda el diagnóstico temprano mediante pruebas no invasivas y la integración sistemática de estrategias de prevención y tratamiento de MASLD en la práctica clínica habitual. Este enfoque incluye tanto intervenciones sobre el estilo de vida como tratamiento farmacológico dirigido a la obesidad y a la hiperglucemia, con el objetivo de modificar el curso evolutivo de la enfermedad.
En Estados Unidos, hasta un 70% de las personas con DM2 presentan MASLD, y cerca de la mitad evolucionan a esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH -Metabolic dysfunction associated SteatoHepatitis-), con riesgo significativo de fibrosis avanzada, cirrosis o carcinoma hepatocelular (CHC), complicaciones que se asocian a mayor morbilidad cardiovascular, neoplásica y metabólica, así como a un deterioro del control glucémico y de la calidad de vida. A pesar de su elevada prevalencia, la MASLD continúa infradiagnosticada y poco tratada, lo que justifica la necesidad de un modelo asistencial multidisciplinar e integrado centrado en la atención primaria. En este contexto, la reciente redefinición de la enfermedad hepática grasa no alcohólica (EHGNA) como MASLD representa un cambio de paradigma al priorizar la disfunción metabólica sobre el consumo de alcohol, con el objetivo de mejorar la identificación diagnóstica, reducir el estigma terminológico y permitir una clasificación más precisa, que incluye ahora la categoría MetALD (Metabolic dysfunction and Alcoholic Liver Disease) para pacientes con características de MASLD y consumo moderado de alcohol. (Sigue leyendo...)