Prevención de la diabetes tipo 2 mediante la dieta
Hoy traemos a colación un artículo de prevención de la diabetes tipo 2 (DM2) mediante la dieta y publicado en Lancet. ¿Tiene algún papel la dieta en la prevención de la DM2?. ¿Cuánto tienen que ver las calorías consumidas, cuanto los hidratos de carbono (HC),..?. Según los estudios epidemiológicos (tendencias alimentarias en cantidad y composición de lo ingerido) se admite que la dieta insana sería el principal factor en la génesis de la DM2 en los países occidentales. Sin embargo, no hace mucho (no más de 20 años) que existen ensayos clínicos aleatorizados (ECA) que intentan demostrar que estas observaciones se relacionan directamente con la DM2.
Existe una relación entre la ingesta de calorías, consumo de carne procesada, de HC refinados, de refrescos con sacarosa (sucrosa), de grasas saturadas, y con ello con el aumento del índice de masa corporal (IMC) y de la circunferencia abdominal con la DM2.
Ya conocemos como el Diabetes Prevention Program demostró como la restricción calórica y el aumento del ejercicio físico en individuos de alto riesgo (prediabéticos) retrasaba (prevenía) el debut diabético hasta en un 58%.
Sobre la calidad y cantidad de la grasa ingerida se intuía que había una relación entre la cantidad y la resistencia a la insulina y con ello el aumento de peso. Sin embargo, los estudios observacionales sobre el total de grasa ingerida no avalaban este aserto, de tal modo que en el Women’s Health Initiative la mujeres que consumieron dietas bajas en grasas no redujeron su riesgo de DM2 en comparación con los controles. Si bien es cierto que el aumento de ingesta de ácidos grasos poliinsaturados omega -6 (PUFA-6) se asoció a menor riesgo de DM2 en el Nurses’ Health Study.
En cuanto a la cantidad y calidad de los HC, los estudios observacionales no muestran que la proporción de HC influyan en el riesgo de DM2, si bien es cierto que las dietas ricas en fibra reducirían el riesgo de DM2 y existen metaanálisis que muestran que dietas con bajo índice glucémico (IG) y carga glucémica (CG) disminuyen el riesgo de DM2 independientemente de la ingesta de fibra.
En cuanto a las vitaminas y minerales, algún metaanálisis asocia la ingesta de magnesio con menor riesgo de DM2 (mayor asociación en sobrepeso). Las concentraciones de ferritina (depósito de hierro) estarían asociadas con mayor riesgo de DM2, y en caso inverso, las altas concentraciones de vitamina D3 prevendrían, aunque su suplementación no mejora la HbA1c.
La ingesta de cereales integrales se asocia a menor riesgo de DM2 tras ajustarlo por el IMC; así, la ingesta de arroz blanco refinado se asocia con mayor riesgo de DM2, sobre todo en asiáticos. La ingesta de carnes rojas procesadas (bacon, hot dogs, embutidos…) se asocia con mayor riesgo de DM2.
Algún metaanálisis de estudios de cohortes muestra que ni los pescados ni los mariscos estarían asociados con mayor riesgo de DM2, sin embargo, esta conclusión varía según la zona, de modo que en Norteamérica y Europa la alta ingesta aumentaría el riesgo de DM2, y en cambio en Asia lo disminuiría. Las diferencias se achacan a los distintos pescados consumidos, al método de cocinado y a los contaminantes que vehiculizan según las localizaciones.
El total de fruta y vegetales consumidos no se asocia al riesgo de DM2, pero la ingesta de vegetales de hoja verde se asociaría a menor riesgo. La ingesta de frutos enteros del tipo de moras, uva, manzana se asociarían con menor riesgo de DM2.
El consumo rutinario de productos lácteos se asocia con un moderado menor riesgo de DM2 y el consumo de yogur tendría mayor consistencia que otros lácteos.
Como hemos adelantado, el consumo de PUFA-6 y de ácidos grasos monoinsaturados (MEFA) podría prevenir la DM2, En el estudio Prevención con Dieta Mediterránea (PREDIMED), del que ya hemos hablado varias veces, el consumo de frutos secos o aceite de oliva en un contexto de dieta mediterránea, reduce la incidencia de DM2.
La ingesta de refrescos con sacarosa se ha asociado, tras ajustar por IMC, con alto riesgo de DM2 en un metaanálisis de cohortes europeas.
El consumo de alcohol se asocia con la DM2 en una curva U, cantidades moderadas (24 gr/día) protegerían, mientras elevadas (encima de 50 gr en mujeres, 60 gr en varones) aumentarían el riesgo.
Con el café hay pruebas consistentes de su asociación con el menor riesgo de DM2. Tanto sea cafeinado como descafeinado.
En fin, de todo ello se ha hablado en este blog en alguna ocasión. Para acceder a los post picar encima del término de búsqueda
Un magnifico documento recopilatorio que conviene conservar.
Ley SH1, Hamdy O2, Mohan V3, Hu FB4.Prevention and management of type 2 diabetes: dietary components and nutritional strategies. Lancet. 2014 Jun 7;383(9933):1999-2007. doi: 10.1016/S0140-6736(14)60613-9.
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15 de junio de 2014
9 de octubre de 2013
El consumo de carne roja aumenta el riesgo de debutar con diabetes tipo 2
El consumo de carne roja aumenta el riesgo de debutar con diabetes tipo 2
Sobre la carne roja (CR) no hemos hablado mucho y menos sobre si su consumo se relaciona con mayor riesgo de diabetes tipo 2 (DM2). Existen metaanálisis y cohortes al respecto que apoyan esta idea. Sin embargo, éstos están realizados sobre la ingesta en un momento dado y no se hace un seguimiento al respecto, cuando en la vida real el comportamiento alimentario va variando con el tiempo. De ahí que sea interesante conocer la variabilidad en la ingesta de CR, los cambios en su consumo para conocer, con fiabilidad, cúal es su relación con el desarrollo de la DM2.
De tres cohortes prospectivas de adultos americanos de ambos sexos del Health Professionals Follow-up Study (HPFS), el Nurses’Health Study (NHS), y el Nurses’ Health Study II (NHS II), se analizaron los datos de la ingesta, de los factores sobre estilos de vida, de la historia clínica, cada 4 años y todo ello durante un seguimiento de 20 años. Con ello se pudo evaluar la asociación entre los cambios en la ingesta de CR y el riesgo de DM2.
Se propusieron dos escenarios al respecto: en el primer análisis se examinaron los cambios durante 4 años en la ingesta de CR y su relación con la incidencia de la DM2 en los siguientes 4 años de seguimiento. En el segundo análisis, se examinó a largo plazo los efectos de la CR sobre la incidencia de DM2, o sea los cambios en la ingesta de CR desde los primeros 4 años, con la incidencia de la DM2 en los 12 (NHS II) y 16 años (NHS, HPFS) de seguimiento.
Se incluyeron a 26.357 varones (40-75 años) del HPFS (1986-2006), 48.709 mujeres (30-55 años) del NHS (1986-2006) y 70.077 mujeres (25 -42 años) del NHS II (1991-2007), a los que se les pasaron cuestionarios validados cada dos años, aunque se analizaron los datos cada 4 años. De éstos se recabó información sobre la dieta, los estilos de vida (tabaquismo, actividad física...) y la aparición de DM2. Dentro de la CR se analizó la carne no procesada (85 gr) de vacuno, cerdo o cordero como plato principal y de las hamburguesas, los sándwiches o los platos combinados de vacuno, cerdo, o cordero. Así, se incluyó entre la carne procesada, el bacón (2 lonchas, 13 gr), el hot dog (45 gr), la salchicha, el salami o la mortadela y otros embutidos (1 pieza, 28 gr),
El análisis se hizo según modelos de regresión con los que calcular los hazard ratios (HR) ajustados por edad, historia familiar, raza, estado civil, consumo inicial de CR, hábito tabáquico, y diversos factores según los estilos de vida.
Durante 1.965.824 personas/año de seguimiento se documentaron 7.540 casos incidentes de DM2. Según el modelo multivariante ajustado a diversas variables confusoras, el incremento del consumo de CR durante un intervalo de 4 años se asoció con un riesgo elevado de DM2 los 4 cuatro años siguientes en cada cohorte (todas las P por tendencia fueron inferiores a 0,001). Si se comparaban con el grupo de referencia, o aquel en el que no hubo cambios en la ingesta de CR, el incremento en la ingesta de más de la mitad (0,5) porciones por día estuvo asociado con un 48%, HR 1,48 (IC 95% 1,37-1,59) mayor riesgo de DM2 en los 4 años siguientes. Esta asociación, sin embargo, estuvo modestamente atenuada cuando se ajustaba por el índice de masa corporal (IMC) y la ganancia reciente de peso HR 1,30 (IC 95%,1,21-1,41).
Por el contrario, la reducción en la ingesta de CR en más de 0,5 porciones por día de la situación basal de los primeros 4 años de seguimiento, se asoció con un 14%, HR 0,86 (IC 95% 0,80-0,93) de reducción del riesgo de DM2 durante los años siguientes.
Concluyen, que el incremento en la ingesta de CR con el tiempo se asocia con un riesgo elevado de debutar como DM2, aunque esta asociación estaría en parte mediada por el aumento del peso.
Reducir la ingesta de CR sería beneficioso en términos de salud en lo que respecta a la prevención de la DM2.
Pan A, Sun Q, Bernstein AM, Manson JE, Willett WC, Hu FB. Changes in red meat consumption and subsequent risk of type 2 diabetes mellitus: three cohorts of US men and women.
JAMA Intern Med. 2013 Jul 22;173(14):1328-35. doi: 10.1001/jamainternmed.2013.6633.
Sobre la carne roja (CR) no hemos hablado mucho y menos sobre si su consumo se relaciona con mayor riesgo de diabetes tipo 2 (DM2). Existen metaanálisis y cohortes al respecto que apoyan esta idea. Sin embargo, éstos están realizados sobre la ingesta en un momento dado y no se hace un seguimiento al respecto, cuando en la vida real el comportamiento alimentario va variando con el tiempo. De ahí que sea interesante conocer la variabilidad en la ingesta de CR, los cambios en su consumo para conocer, con fiabilidad, cúal es su relación con el desarrollo de la DM2.
De tres cohortes prospectivas de adultos americanos de ambos sexos del Health Professionals Follow-up Study (HPFS), el Nurses’Health Study (NHS), y el Nurses’ Health Study II (NHS II), se analizaron los datos de la ingesta, de los factores sobre estilos de vida, de la historia clínica, cada 4 años y todo ello durante un seguimiento de 20 años. Con ello se pudo evaluar la asociación entre los cambios en la ingesta de CR y el riesgo de DM2.
Se propusieron dos escenarios al respecto: en el primer análisis se examinaron los cambios durante 4 años en la ingesta de CR y su relación con la incidencia de la DM2 en los siguientes 4 años de seguimiento. En el segundo análisis, se examinó a largo plazo los efectos de la CR sobre la incidencia de DM2, o sea los cambios en la ingesta de CR desde los primeros 4 años, con la incidencia de la DM2 en los 12 (NHS II) y 16 años (NHS, HPFS) de seguimiento.
Se incluyeron a 26.357 varones (40-75 años) del HPFS (1986-2006), 48.709 mujeres (30-55 años) del NHS (1986-2006) y 70.077 mujeres (25 -42 años) del NHS II (1991-2007), a los que se les pasaron cuestionarios validados cada dos años, aunque se analizaron los datos cada 4 años. De éstos se recabó información sobre la dieta, los estilos de vida (tabaquismo, actividad física...) y la aparición de DM2. Dentro de la CR se analizó la carne no procesada (85 gr) de vacuno, cerdo o cordero como plato principal y de las hamburguesas, los sándwiches o los platos combinados de vacuno, cerdo, o cordero. Así, se incluyó entre la carne procesada, el bacón (2 lonchas, 13 gr), el hot dog (45 gr), la salchicha, el salami o la mortadela y otros embutidos (1 pieza, 28 gr),
El análisis se hizo según modelos de regresión con los que calcular los hazard ratios (HR) ajustados por edad, historia familiar, raza, estado civil, consumo inicial de CR, hábito tabáquico, y diversos factores según los estilos de vida.
Durante 1.965.824 personas/año de seguimiento se documentaron 7.540 casos incidentes de DM2. Según el modelo multivariante ajustado a diversas variables confusoras, el incremento del consumo de CR durante un intervalo de 4 años se asoció con un riesgo elevado de DM2 los 4 cuatro años siguientes en cada cohorte (todas las P por tendencia fueron inferiores a 0,001). Si se comparaban con el grupo de referencia, o aquel en el que no hubo cambios en la ingesta de CR, el incremento en la ingesta de más de la mitad (0,5) porciones por día estuvo asociado con un 48%, HR 1,48 (IC 95% 1,37-1,59) mayor riesgo de DM2 en los 4 años siguientes. Esta asociación, sin embargo, estuvo modestamente atenuada cuando se ajustaba por el índice de masa corporal (IMC) y la ganancia reciente de peso HR 1,30 (IC 95%,1,21-1,41).
Por el contrario, la reducción en la ingesta de CR en más de 0,5 porciones por día de la situación basal de los primeros 4 años de seguimiento, se asoció con un 14%, HR 0,86 (IC 95% 0,80-0,93) de reducción del riesgo de DM2 durante los años siguientes.
Concluyen, que el incremento en la ingesta de CR con el tiempo se asocia con un riesgo elevado de debutar como DM2, aunque esta asociación estaría en parte mediada por el aumento del peso.
Reducir la ingesta de CR sería beneficioso en términos de salud en lo que respecta a la prevención de la DM2.
Pan A, Sun Q, Bernstein AM, Manson JE, Willett WC, Hu FB. Changes in red meat consumption and subsequent risk of type 2 diabetes mellitus: three cohorts of US men and women.
JAMA Intern Med. 2013 Jul 22;173(14):1328-35. doi: 10.1001/jamainternmed.2013.6633.
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