No existen diferencias en la pérdida de peso entre dieta bajas en grasas o en hidratos de carbono
El aumento de la epidemia de obesidad en el mundo occidental ha hecho surgir todo tipo de dietas para perder peso, unas con más acierto que otras a corto plazo, pero con un parecido resultado a largo plazo. De ello hemos hablado en otras ocasiones.
Tradicionalmente las dietas bajas en grasas (DBG) han sido las dietas más populares, las recomendadas por las Guías de Práctica Clínica (GPC) y ciertas Sociedades Científicas, sin embargo han surgido desde no hace muchos años otras, con baja cantidad de hidratos de carbono (DBHC) y, por tanto, altas en grasas y proteínas. Estas últimas, altas en proteínas se han puesto de moda y se han hecho muy populares por su rápida respuesta ponderal y comodidad. Sin embargo, las grasas saturadas acompañantes y el tipo de proteínas han generado cierta controversia sobre sí podrían generar riesgos para la salud. De ello hemos hablado en otros post.
Abundando en estas cuestiones traemos aquí una revisión sistemática de la literatura que compara estudios de las dietas con DBHC frente a las DBG en el objetivo de la pérdida de peso.
Se hizo una búsqueda a través de MEDLINE/PubMed sobre ensayos clínicos aleatorizados (ECA) entre enero del 2001 y octubre del 2014 con palabras claves que incluían "low carbohydrate diet" y "obesity", estudios que compararan ambas dietas y que tuvieran como objetivo primario los cambios en el peso corporal en pacientes mayores de 18 años con sobrepeso u obesidad, índice de masa corporal (IMC) ≥25 kg/m2 y un período de al menos 6 meses de seguimiento.
Las DBHC, o restrictiva en hidratos de carbono (HC) (de menos de 20 a 50 g/día) afectan directamente a las concentraciones de insulina y glucagón e inciden sobre el peso básicamente al reducir las reservas grasas y aumentar su oxidación. A su vez, la disminución de las concentraciones de insulina aumentan la cetosis (por eso son llamadas dietas cetogénicas) y con ello disminuyen la sensación de hambre. Cuando la ingesta es inferior a 200 gr/día de HC se está por encima del nivel a partir del cual se producen cuerpos cetónicos. Estas dietas son altas en concentraciones de proteínas y de grasas, y es en las que se basan las populares dietas Atkins, la South Beach… Estas últimas contienen alrededor de 21 gr de HC y permiten comer en su primeras fases, sin límite, carne roja, pescado, pollo, huevos, queso, mantequilla… pero muy poca fruta o ensaladas. En éstas el 60% de las calorías son de las grasas con un contenido de colesterol superior a 1000 mg, lo que ha generado amplias discusiones, pues las GPC recomiendan una ingesta de grasa inferior al 30-35% de las calorías y un límite de colesterol de 300 mg/día. Estas últimas recomendaciones son las que sustentan la base de las DBG, ajustando la ingesta de grasa saturada a no más de un 10% de la ingesta calórica. Cambiando los alimentos lácteos por descremados, las carnes por vegetales…Todas estas dieta incluyen una restricción energética a la vez que la restricción de grasas (≤30%).
De la literatura científica se identificaron 1405 artículos, que tras su lectura quedaron en 1004 que tras aplicar los criterios de inclusión se quedaron en 17 estudios que se introdujeron en el metaanálisis. Según estos a los 6 meses la pérdida media de peso en los participantes de la DBHC fue de -1,39 kg (IC 95% −2,319 a −0,558) frente a los participantes que utilizaron la DBG (p inferior a 0,001). A los 12 meses, la diferencia entre ambas fue aún más pequeña, solo de −0,769 kg (IC 95% −1,361 −0,178), pero estadísticamente significativa (p inferior a 0,010). Estas diferencias fueron atenuándose con el tiempo.
Concluyen que las DBHC pueden ayudar a los pacientes con sobrepeso u obesidad a perder peso, sin embargo las diferencias en la reducción del peso en comparación con las dietas estándar tipo DBG son pequeñas y tienden a igualarse con el tiempo. Por tanto, la diferencia en el objetivo de pérdida de peso es parecido a lo largo del tiempo, otra cosa sea la más o menos facilidad o dificultad en su mantenimiento a lo largo del tiempo.
Alexandraki I, Palacio C, Mooradian AD. Relative Merits of Low-Carbohydrate Versus Low-Fat Diet in Managing Obesity. South Med J. 2015 Jul;108(7):401-16. doi: 10.14423/SMJ.0000000000000308.
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29 de noviembre de 2015
3 de septiembre de 2014
Dietas con restricción de hidratos de carbono en pacientes con diabetes
Dietas con restricción de hidratos de carbono en pacientes con diabetes
Dado que la diabetes (DM) ha sido identificada como una alteración metabólica donde el aumento de la glucemia es la alteración principal, la restricción de los hidratos de carbono (HC) en la dieta ha sido la primera medida terapéutica que históricamente se ha utilizado. Así fue la única opción terapéutica utilizada antes del descubrimiento de la insulina, pues se entendía que reduciendo los HC se controlaban los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, la reducción de los HC podría condicionar el aumento de las grasas en la dieta, por lo que sería peor el remedio que la enfermedad, aun así las dietas bajas en HC (DBHC) son efectivas y con una buena adherencia a las mismas.
Las actuales recomendaciones sobre el tipo de dietas a utilizar y en particular en la DBHC tienen relativas evidencias y les faltan estudios de gran calado que respondan a las preguntas planteadas. Con todo, este documento presenta 12 puntos con las evidencias que existen en relación a las DBHC
Definen a una dieta muy baja en hidratos de carbono (DMBHC) o “dieta cetogénica” cuando la cantidad de HC se encuentra entre 20-50 gr HC/día o menos del 10% de una dieta de 2000 Kcal/día. Son dietas de inicio, para una fase temprana y son las utilizadas como las dietas Atkins o las dietas hiperproteicas.
Las DBHC tienen menos de 130 gr de HC/d o menos del 26% del total de energía. Las dietas con moderada cantidad de HC (DMHC) el porcentaje se encuentra entre 26-45% y las altas en HC (DAHC) tienen más del 45% de HC.
La cantidad media de HC según National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES) del americano medio se encuentra en 49% de HC, o sea serían altas en HC.
Según los autores, los 12 puntos según la evidencia que ellos proponen en relación a la DBHC, son:
1,- La hiperglucemia es el síntoma más importante de la DM, la restricción de los HC es la actuación dietética más importante que podemos implementar para disminuir la glucemia.
Es conocido que el control glucémico se relaciona con la prevención de complicaciones en el DM, y que éste es el principal objetivo del paciente con DM, sea tipo 1 (DM1) como tipo 2 (DM2), a su vez se admite que la cantidad de HC en la dieta es el principal condicionante de la glucemia y que su restricción reduce la glucosa postprandial (GPP) y la HbA1c.
En un estudio comparativo de ambas dietas (DMBHC frente a DBHC) Hussain et al observó cómo los niveles de glucemia caían más rápidamente en la DMBHC, aunque a las 24 semanas las diferencias se aproximaron, si bien al final hubieron diferencias en las HbA1c (6,2% en la DMBHC frente a 7,5% en la DBHC.
2,- En la actual epidemia de obesidad y de DM2 los incrementos calóricos se deben enteramente al aumento en la ingesta de HC.
Según NHANES el incremento en la ingesta de HC sería el factor dietético más importante en el exceso de caloría ingeridas en EEUU entre 1974-2000.
3,- No es necesario la pérdida de peso para mejorar el control glucémico y otros síntomas de la DM2 (Nuttall, Gannon) lo que respaldaría a las DBHC en este propósito.
4,- Aunque la pérdida de peso no es necesaria para el control glucémico, ninguna intervención dietética es mejor que la restricción de HC para la pérdida de peso.
Existen evidencias de que las DBHC generan mejores resultados que dietas bajas en grasas. En el estudio de Dyson et al, por ejemplo, la pérdida de peso fue mayor (6,9 frente a 2,1 kg).
En grandes estudios como el Women’s Health Initiative (WHI) sobre 48.000 mujeres postmenopáusicas la dieta baja en grasas (20% MG) genero una pérdida modesta de peso (2,2 kg el primer año) que se ganó al final del estudio.
La ventaja de las DBHC es que no precisan una restricción calórica (son “ad libitum”) como las bajas en grasas, dado que las calorías se consiguen a partir de las grasas y proteínas.
5,- La adherencia a las DBHC en los pacientes con DM2 es al menos tan buena como la generada con otras intervenciones dietéticas, y con frecuencia mejor.
6,- El cambio de los HC por proteínas es generalmente beneficioso
Por regla general las DBHC sustituyen los HC por proteínas,
Los ensayos clínicos (ECA) comparativos entre dietas han encontrado que las dietas altas en proteínas con DBHC tiene un efecto más favorable sobre la pérdida de peso, sobre la composición corporal, sobre el metabolismo basal y sobre el riesgo cardiovascular que las dietas bajas en grasas (Santos et al, Krieger et al) independientemente de la ingesta energética.
7,- La cantidad de grasa saturada en la dieta no se correlaciona con el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV).
Un punto controvertido. Señalan que tanto en el estudio Framingham, como en el WHI, como en otros 12 grandes estudios al respecto, no han podido demostrar la asociación entre los lípidos de la dieta y el riesgo cardiovascular (RCV)
El estudio de Jakobsen et al sobre 11 importantes cohortes en las que se reemplazaban los ácidos grasos saturados por poliinsaturados (PUFA) no encontraron diferencias. Sin embargo, en este estudio los hazard ratios en eventos coronarios aumentaron cuando los ácidos grasos saturados se cambiaron por HC. En esta línea van otros autores (Mozaffarian). Una afirmación que da pie a la discusión.
8,- Los ácidos grasos saturados se controlan mejor con los HC que con los lípidos de la dieta.
Interpretan como una falacia que la cantidad de ácidos grasos saturados de la dieta incremente la concentración de colesterol y ello se correlacione con ECV, cuando estadísticamente no se ha de demostrado que las personas con colesterol elevado a consecuencia de ingesta de ácidos grasos saturados sean las mismas personas en las que sus niveles de colesterol predigan la ECV, o sea demostrar que los ácidos grasos saturados son causa directa de la ECV. Entenderían que este razonamiento no se ha demostrado.
9,- El mejor predictor de las complicaciones microvasculares, y en menor medida macrovasculares en los pacientes con DM2 es el control glucémico (HbA1c)
Intentan correlacionar este punto con el punto 7 por el que la concentración de ácidos grasos saturados no se correlacionaría con la ECV
En este aspecto, el conocido United Kingdom Prospective Diabetes Study (UKPDS), mostró una reducción de un 14% de infarto agudo de miocardio por cada 1% de descenso de la HbA1c y un 37% en complicaciones microvasculares.
10,- La restricción de los HC es el método más efectivo para reducir los niveles de triglicéridos e incrementar las lipoproteínas de alta densidad (HDL)
Todo ello relacionado con el síndrome metabólico. En el estudio de Jenkins et al comparando dietas con bajo índice glucémico con dietas estandar (cereales) en 210 pacientes con DM2
se demostró un incremento de 1,7 mg/dl del HDL con la primera frente a un 0,2 mg/dl con la segunda. En este sentido han ido otros autores, Westman et al...
11,- Pacientes con DM2 con dietas restrictivas en HC reducen e incluso eliminan medicación.
En los pacientes con DM1 se conoce que dietas más restrictivas en HC precisan menos unidades de insulina. En los DM2 al mejorar el control glucémico precisan reducir o eliminar medicación, con la ventaja de reducir el número y gravedad de los episodios de hipoglucemia.
12,- El descenso glucémico a consecuencia de una restricción en HC no produce los efectos secundarios que puede generar un tratamiento farmacológico intensivo.
Son varios los estudios, que como el ACCORD trial (Action to Control Cardiovascular Disease in Diabetes) un tratamiento intensivo es causa de aumento del riesgo cardiovascular o de la mortalidad. En éste, tras 3,5 años hubieron 257 muertes en el brazo del tratamiento intensivo frente a 203 del convencional (HR, 1.22; IC 95% 1,01-1,46; P=0,04), mayor ganancia ponderal y episodios de hipoglucemia.
Un documento que hay que leer, y que va en la línea de defender la restricción de los HC y las DBHC (cetogénicas) en los pacientes con DM. Muy interesante, con argumentos discutibles sobre todo en lo puntos 7º y 8º, pues uno de los principales inconvenientes de las dietas cetogénica (sean hiperproteicas o no) es el tipo de grasa saturada que se ingiere (habitualmente animal) y el aumento de los casos de ECV precoz (hay algún post al respecto). Un tema muy interesante en el que no todo está demostrado.
El artículo está disponible íntegramente en la red
Feinman RD,Pogozelski WK, Astrup A, Bernstein RK, Fine EJ,Westman EC, MD, et al. Dietary Carbohydrate restriction as the first approach in diabetes management. Critical review and evidence base. NUT-D-14-00247_DM_Evidence_REV.doc
Dado que la diabetes (DM) ha sido identificada como una alteración metabólica donde el aumento de la glucemia es la alteración principal, la restricción de los hidratos de carbono (HC) en la dieta ha sido la primera medida terapéutica que históricamente se ha utilizado. Así fue la única opción terapéutica utilizada antes del descubrimiento de la insulina, pues se entendía que reduciendo los HC se controlaban los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, la reducción de los HC podría condicionar el aumento de las grasas en la dieta, por lo que sería peor el remedio que la enfermedad, aun así las dietas bajas en HC (DBHC) son efectivas y con una buena adherencia a las mismas.
Las actuales recomendaciones sobre el tipo de dietas a utilizar y en particular en la DBHC tienen relativas evidencias y les faltan estudios de gran calado que respondan a las preguntas planteadas. Con todo, este documento presenta 12 puntos con las evidencias que existen en relación a las DBHC
Definen a una dieta muy baja en hidratos de carbono (DMBHC) o “dieta cetogénica” cuando la cantidad de HC se encuentra entre 20-50 gr HC/día o menos del 10% de una dieta de 2000 Kcal/día. Son dietas de inicio, para una fase temprana y son las utilizadas como las dietas Atkins o las dietas hiperproteicas.
Las DBHC tienen menos de 130 gr de HC/d o menos del 26% del total de energía. Las dietas con moderada cantidad de HC (DMHC) el porcentaje se encuentra entre 26-45% y las altas en HC (DAHC) tienen más del 45% de HC.
La cantidad media de HC según National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES) del americano medio se encuentra en 49% de HC, o sea serían altas en HC.
Según los autores, los 12 puntos según la evidencia que ellos proponen en relación a la DBHC, son:
1,- La hiperglucemia es el síntoma más importante de la DM, la restricción de los HC es la actuación dietética más importante que podemos implementar para disminuir la glucemia.
Es conocido que el control glucémico se relaciona con la prevención de complicaciones en el DM, y que éste es el principal objetivo del paciente con DM, sea tipo 1 (DM1) como tipo 2 (DM2), a su vez se admite que la cantidad de HC en la dieta es el principal condicionante de la glucemia y que su restricción reduce la glucosa postprandial (GPP) y la HbA1c.
En un estudio comparativo de ambas dietas (DMBHC frente a DBHC) Hussain et al observó cómo los niveles de glucemia caían más rápidamente en la DMBHC, aunque a las 24 semanas las diferencias se aproximaron, si bien al final hubieron diferencias en las HbA1c (6,2% en la DMBHC frente a 7,5% en la DBHC.
2,- En la actual epidemia de obesidad y de DM2 los incrementos calóricos se deben enteramente al aumento en la ingesta de HC.
Según NHANES el incremento en la ingesta de HC sería el factor dietético más importante en el exceso de caloría ingeridas en EEUU entre 1974-2000.
3,- No es necesario la pérdida de peso para mejorar el control glucémico y otros síntomas de la DM2 (Nuttall, Gannon) lo que respaldaría a las DBHC en este propósito.
4,- Aunque la pérdida de peso no es necesaria para el control glucémico, ninguna intervención dietética es mejor que la restricción de HC para la pérdida de peso.
Existen evidencias de que las DBHC generan mejores resultados que dietas bajas en grasas. En el estudio de Dyson et al, por ejemplo, la pérdida de peso fue mayor (6,9 frente a 2,1 kg).
En grandes estudios como el Women’s Health Initiative (WHI) sobre 48.000 mujeres postmenopáusicas la dieta baja en grasas (20% MG) genero una pérdida modesta de peso (2,2 kg el primer año) que se ganó al final del estudio.
La ventaja de las DBHC es que no precisan una restricción calórica (son “ad libitum”) como las bajas en grasas, dado que las calorías se consiguen a partir de las grasas y proteínas.
5,- La adherencia a las DBHC en los pacientes con DM2 es al menos tan buena como la generada con otras intervenciones dietéticas, y con frecuencia mejor.
6,- El cambio de los HC por proteínas es generalmente beneficioso
Por regla general las DBHC sustituyen los HC por proteínas,
Los ensayos clínicos (ECA) comparativos entre dietas han encontrado que las dietas altas en proteínas con DBHC tiene un efecto más favorable sobre la pérdida de peso, sobre la composición corporal, sobre el metabolismo basal y sobre el riesgo cardiovascular que las dietas bajas en grasas (Santos et al, Krieger et al) independientemente de la ingesta energética.
7,- La cantidad de grasa saturada en la dieta no se correlaciona con el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV).
Un punto controvertido. Señalan que tanto en el estudio Framingham, como en el WHI, como en otros 12 grandes estudios al respecto, no han podido demostrar la asociación entre los lípidos de la dieta y el riesgo cardiovascular (RCV)
El estudio de Jakobsen et al sobre 11 importantes cohortes en las que se reemplazaban los ácidos grasos saturados por poliinsaturados (PUFA) no encontraron diferencias. Sin embargo, en este estudio los hazard ratios en eventos coronarios aumentaron cuando los ácidos grasos saturados se cambiaron por HC. En esta línea van otros autores (Mozaffarian). Una afirmación que da pie a la discusión.
8,- Los ácidos grasos saturados se controlan mejor con los HC que con los lípidos de la dieta.
Interpretan como una falacia que la cantidad de ácidos grasos saturados de la dieta incremente la concentración de colesterol y ello se correlacione con ECV, cuando estadísticamente no se ha de demostrado que las personas con colesterol elevado a consecuencia de ingesta de ácidos grasos saturados sean las mismas personas en las que sus niveles de colesterol predigan la ECV, o sea demostrar que los ácidos grasos saturados son causa directa de la ECV. Entenderían que este razonamiento no se ha demostrado.
9,- El mejor predictor de las complicaciones microvasculares, y en menor medida macrovasculares en los pacientes con DM2 es el control glucémico (HbA1c)
Intentan correlacionar este punto con el punto 7 por el que la concentración de ácidos grasos saturados no se correlacionaría con la ECV
En este aspecto, el conocido United Kingdom Prospective Diabetes Study (UKPDS), mostró una reducción de un 14% de infarto agudo de miocardio por cada 1% de descenso de la HbA1c y un 37% en complicaciones microvasculares.
10,- La restricción de los HC es el método más efectivo para reducir los niveles de triglicéridos e incrementar las lipoproteínas de alta densidad (HDL)
Todo ello relacionado con el síndrome metabólico. En el estudio de Jenkins et al comparando dietas con bajo índice glucémico con dietas estandar (cereales) en 210 pacientes con DM2
se demostró un incremento de 1,7 mg/dl del HDL con la primera frente a un 0,2 mg/dl con la segunda. En este sentido han ido otros autores, Westman et al...
11,- Pacientes con DM2 con dietas restrictivas en HC reducen e incluso eliminan medicación.
En los pacientes con DM1 se conoce que dietas más restrictivas en HC precisan menos unidades de insulina. En los DM2 al mejorar el control glucémico precisan reducir o eliminar medicación, con la ventaja de reducir el número y gravedad de los episodios de hipoglucemia.
12,- El descenso glucémico a consecuencia de una restricción en HC no produce los efectos secundarios que puede generar un tratamiento farmacológico intensivo.
Son varios los estudios, que como el ACCORD trial (Action to Control Cardiovascular Disease in Diabetes) un tratamiento intensivo es causa de aumento del riesgo cardiovascular o de la mortalidad. En éste, tras 3,5 años hubieron 257 muertes en el brazo del tratamiento intensivo frente a 203 del convencional (HR, 1.22; IC 95% 1,01-1,46; P=0,04), mayor ganancia ponderal y episodios de hipoglucemia.
Un documento que hay que leer, y que va en la línea de defender la restricción de los HC y las DBHC (cetogénicas) en los pacientes con DM. Muy interesante, con argumentos discutibles sobre todo en lo puntos 7º y 8º, pues uno de los principales inconvenientes de las dietas cetogénica (sean hiperproteicas o no) es el tipo de grasa saturada que se ingiere (habitualmente animal) y el aumento de los casos de ECV precoz (hay algún post al respecto). Un tema muy interesante en el que no todo está demostrado.
El artículo está disponible íntegramente en la red
Feinman RD,Pogozelski WK, Astrup A, Bernstein RK, Fine EJ,Westman EC, MD, et al. Dietary Carbohydrate restriction as the first approach in diabetes management. Critical review and evidence base. NUT-D-14-00247_DM_Evidence_REV.doc
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Proteinas,
Riesgo Cardiovascular
11 de agosto de 2012
¿Aumentan el riesgo cardiovascular las dietas proteinadas?
¿Aumentan el riesgo cardiovascular las dietas proteinadas?
Mucho se ha escrito sobre las dietas proteinadas (DP). Las dietas disociadas, las dietas cetogénicas, útiles para perder peso al inicio del tratamiento dietético, pero de las que no se sabe a ciencia cierta cual es su repercusión en términos de salud a lo largo del tiempo. Tal como vimos en un artículo de revisión publicado en Av de Diabetología de Pelaz y Calle, denominamos a una DP a aquella en que las proteínas se encuentran entre 25-35% del contenido calórico, en contraste con una dieta equilibrada, donde este porcentaje rondaría el 15%. Esto hace que el contenido en hidratos de carbono (HC) sea bajo, o inferior al 30%, por lo que estas dietas también son denominadas, como “bajas en hidratos de carbono”. Esta baja proporción de HC genera un estado de cetosis, que es el responsable de la sensación de saciedad precoz que las diferencia de las dietas más equilibradas, lo que las haría más soportables. Sin embargo, la diferencia ponderal al cabo del tiempo entre ambas, no es significativa, como se ha visto en algún estudio y su repercusión a nivel de los parámetros de salud no es del todo conocida, aun existiendo estudios de cohortes que han intentado estudiar este particular. Comentan, que como en el conocido Nurses Health Study en Estados Unidos, estos tipos de dietas no se asociaron con incrementos en la enfermedad isquémica del corazón, mientras otras cohortes de pequeño tamaño, en esta parte del atlántico (dos de ellos realizados en Suecia y otro en Grecia) mostraron incrementos significativos de la mortalidad cardiovascular (MCV). Se apunta que las diferencias a un lado u otro del atlántico fueron debidas al tipo de proteínas ingeridas (animal frente a vegetal) y a la prevalencia de la obesidad.
El estudio del que hablamos tuvo como objetivo determinar la repercusión de estas dietas en la MCV. Se trata de un estudio prospectivo de cohortes - Swedish Women’s Lifestyle and Health Cohort- sobre 43 396 mujeres de Suecia de 30 a 49 años, residentes en Uppsala entre 1991-92. Inicialmente la cohorte propuesta fue de 96 000 mujeres que fueron aleatorizadas y seleccionadas por estratos de edad (30-34, 35-39, 40-44, y 45-49) e invitadas por e-correo a participar respondiendo a un cuestionario. Finalmente, solo se recibieron 49 261 cuestionarios. A éstas se les hizo un seguimiento medio de 15,7 años, mediante encuesta dietética y registros poblacionales, y a partir de éstos se determinó la asociación de enfermedad cardiovascular (ECV) incidente, según descenso en deciles de ingesta en HC y en incremento en deciles en la ingesta de proteínas, y con la combinación de ambas variables ajustado por ingesta de energía, de grasas saturadas y de insaturadas. El resultado fue que por cada decil que se descendía en HC o se incrementaban en proteínas, o por cada dos unidades de incremento en la puntuación de porcentajes bajos HC y altos en proteínas, existía una asociación estadísticamente significativa con el incremento en la incidencia de ECV (n=1270). La razón de tasas de incidencia de ECV se estimó en 1.04 (IC 95% 1.00 -1.08), 1.04 (1.02 -1.06), y 1.05 (1.02 -1.08), respectivamente. Viéndolo en términos absolutos se generarían 4 o 5 casos de ECV por cada 10.000 mujeres y año que realizaran una DP frente a aquellas que su dieta fuera equilibrada en HC. O visto de otro modo se incrementaría un 4% el RCV con solo disminuir la ingesta de HC en 20 g (un panecillo) o un 5% si se aumentara la ingesta de proteínas en 5 gr (el equivalente a un huevo hervido).
No se encontró heterogeneidad entre estas asociaciones de las puntuaciones con los cinco objetivos cardiovasculares: enfermedad isquémica del corazón (n=703), accidente vásculo-cerebral (AVC) trombo-embolico (n=294), AVC hemorrágico (n=70), hemorragia subaracnoidea (n=121), y enfermedad arterial isquémica periférica (n=82). Con ello, concluyen que las DP, sin considerar las características de los HC o de las proteínas a lo largo del tiempo, se asocian con un incremento de la ECV. Con todo, se vierten críticas a este estudio por llegar a unas conclusiones, muy débiles por otra parte, con una sola evaluación de la dieta (al inicio) y buscar asociaciones a los 15 años, cuando es difícil garantizar este tipo de dietas en el tiempo. Además, señalan, que existiría gran cantidad de factores confusionales que no habrían sido tenidos en cuenta.
Lagiou P, Sandin S, Lof M, et al. Low carbohydrate-high protein diet and incidence of cardiovascular diseases in Swedish women: Prospective cohort study. BMJ 2012; DOI:10.1136/bmj.e4026.
Floegel A and Pischon T. Low carbohydrate-high protein diets. BMJ 2012; DOI:10.1136/bmj.e3801.
Pelaz-Berdullas, Laura; Calle-Pascual, Alfonso Luis. Dieta proteinada en la diabetes de tipo 2. Av Diabetol. 2012;28:27-31. - vol.28 núm 01
6 de agosto de 2012
¿La composición de las dietas influye en el consumo calórico?
¿La composición de las dietas influye en el consumo calórico?
En general, el balance de calorías ingeridas/consumidas es el responsable de la pérdida de peso, sin embargo, no se conoce del todo si la composición cualitativa de los principios inmediatos de las dietas puede influir en esta pérdida, al tiempo que se desconoce su repercusión cardiovascular a largo plazo. De ambos temas han salido estudios últimamente
Un estudio reciente de Ebbeling CB et al examinó la primera cuestión, sobre los efectos de tres dietas de distinta composición, la carga glucémica, el gasto calórico y la pérdida de peso.
Se trata de un estudio pequeño sobre 21 pacientes jóvenes con sobrepeso u obesidad del Children's Hospital Boston y del Brigham and Women's Hospital, de Boston -Massachusetts-, entre el 16 de junio del 2006 y 21 de junio del 2010. Tras alcanzar entre el 10-15% de la pérdida de peso mediante una misma una dieta control (a run-in diet), los participantes se aleatorizaron a consumir durante 4 semanas o una dieta isocalórica baja en grasas (60% energía en carbohidratos -HC-, 20% grasa, 20% proteínas, y alta carga glucémica); o una dieta con bajo índice glucémico (40% de HC, 40% grasas y 20% proteínas, con moderada carga glucémica) y una muy baja dieta en HC o proteinada (10% de HC, 60% de grasas, y 30% de proteínas, con baja carga glucémica) (DBHC). El principal objetivo fue calcular el gasto energético en reposo (GER) y secundariamente el gasto de energía total (GET), niveles hormonales y componentes del síndrome metabólico (SM). En este sentido, comparado con la dieta previa el GER fue mayor con la dieta baja en grasas (media -205 IC 95% -265 a -144 kcal/d), intermedia en la dieta con bajo índice glucémico (media -166 IC 95% -227 a -106 kcal/d), y la que menos, en la muy baja en HC (media -138 IC 95% -198 a -77 kcal/d); globalmente P = 0.03; P por tendencia por carga glucémica =0 .009. De la misma forma, la disminución de la GET mostró parecidas tendencias, así una media de -423 kcal/d (IC 95% -606 a -239 kcal/d); frente a -297 kcal/d (IC 95% -479 a -115 kcal/d ); y a -97 kcal/d ( IC 95% -281 a 86 kcal/d), respectivamente; globalmente la P = 0.003; la P por tendencia por carga glucémica fue inferior a 0 .001.
Sin embargo, aquellas dietas DBHC quemaron 350 calorías por día, más que aquellas bajas en grasas, aun consumiendo la misma cantidad de calorías que el resto de dietas.
En cuanto a los niveles hormonales relacionados con el SM variaron durante la pérdida de peso, la leptina, P inferior a 0 .001; el cortisol urinario de 24 horas, P = 0.005; sensibilidad insulínica periférica (P = 0.02) y hepática (P= 0.03); HDL- colesterol, P inferior a 0 .001; no HDL-colesterol, P inferior a 0.001; triglicéridos, P inferior a 0 .001; inhibidor –activador del plasminogeno -1, P por tendencia =0.04; y por último, la proteína C reactiva , P por tendencia = 0.05.
Concluyen que en pacientes jóvenes obesos o con sobrepeso las distintas dietas frente a una dieta tipo, previa con pérdida de un 10-15% de peso, generan una pérdida de GER y de la GET, que fue mayor en las dietas bajas en grasas, intermedias en las de bajo índice glucémico y menor en las DBHC; sin embargo éstas, quemaron 350 calorías por día, más que aquellas bajas en grasas, o lo que es el equivalente a una hora de ejercicio físico de moderada intensidad. Con todo, es este un tema que no ha dado todo de sí y del que volveremos oír hablar.
Ebbeling CB, Swain JF, Feldman HA, Wong WW, Hachey DL, Garcia-Lago E, Ludwig DS.Effects of dietary composition on energy expenditure during weight-loss maintenance. JAMA. 2012 Jun 27;307(24):2627-34.
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Proteinas,
Tratamiento
16 de mayo de 2012
El tema no resuelto de la dieta proteinada en el diabético
El tema no resuelto de la dieta proteinada en el diabético
Al hilo de un bien trabado artículo en Avances de Diabetología titulado “Dieta proteinada en la diabetes de tipo 2” firmado por los Drs Laura Pelaz-Berdullas y Alfonso Luis Calle-Pascual, y al Encuentro Nutrición y Diabetes para Médicos de Atención Primaria, celebrado en el Hospital Gregorio Marañón (Madrid) por la Unidad de Nutrición que dirige la Dra Clotilde Vázquez Martínez, el fin de semana último (11 y 12 de Mayo), y patrocinado por Lilly S.A, es este un tema aún hoy no resuelto.
Definen la “dieta proteinada” (DP) a una dieta con alto contenido en proteínas (25-35% del valor calórico total). Sin embargo, las recomendaciones generales para una dieta equilibrada es que el contenido de proteínas fluctúe alrededor del 15%, más por debajo que por encima. Lógicamente, esta diferencia hace que el contenido de carbohidratos (HC) (inferior al 30% del valor calórico total) sea menor de lo recomendado. Sin embargo, lo que coincide y diferencia, al mismo tiempo, con otras dietas, es el bajo contenido calórico, que en estas incluso es inferior a las 800 Kcal/d, y difícil de cumplir, si no fuera por las especiales cualidades del distinto porcentaje de HC. La baja proporción de HC y grasas hace que el organismo consuma rápidamente las reservas de HC y grasas lo que induce un estado de cetosis, que es la causa de la sensación de saciedad de este tipo de dietas. La gran cantidad de proteínas evita al tiempo la pérdida de la masa muscular.
Tanto en el foro como en el documento, parecen coincidir en que la pérdida de peso no es por ningún efecto del exceso de proteínas en el metabolismo basal si no por tratarse de dietas hipocalóricas. Unas dietas, que en mi opinión, son capaces de llevarse a efecto justamente por la inducción al estado de cetosis que genera. El problema que subyace y que todos compartimos, y hemos comentado en algún post, es que al año, el peso, es el mismo que el alcanzado con otro tipo de dietas más equilibradas, y sin conocer a ciencia cierta cual es su repercusión a largo plazo.
En el caso del DM donde la dieta es parte del tratamiento de por vida y al cual se le capacita en el manejo de la dieta para poder mantener el peso, su control metabólico, lipídico, y de presión arterial òptimo toda la vida, este tipo de dietas, al margen de sus buenos resultados a corto plazo, no ayuda a la adquisición de rutinas saludables. Las DP pueden, por otro lado, estar formalmente contraindicadas para el DM, dado las especiales características de éste. La DP está contraindicada en la insuficiencia renal, la insuficiencia hepática, la insuficiencia cardíaca, el accidente vasculocerebral, la hiperuricemia, con la utilización de diuréticos, las enfermedades mentales, la enfermedad de Addison, las neoplasias, y, según leemos en menores de 18 años y en mayores de 65 años.
Pelaz-Berdullas, Laura; Calle-Pascual, Alfonso Luis. Dieta proteinada en la diabetes de tipo 2. Av Diabetol. 2012;28:27-31. - vol.28 núm 01
4 de febrero de 2012
Efecto del contenido proteico de las dietas y su efecto en el peso corporal

Se arguye que los individuos con sobrepeso u obesidad hacen dietas en las que la proporción de proteínas es baja, por lo que serían “metabólicamente poco eficientes”, de tal modo que se afirma mayor eficiencia en la sobrealimentación cuando la proporción de proteínas fuera entre 10-15% de la energía consumida. Con esta premisa, se diseño un estudio en forma de ensayo clínico aleatorizado (ECA) con simple ciego para determinar si el nivel de proteínas en la dieta afectaba a la ganancia de peso, composición corporal y gasto energético. Para ello se reclutaron a 25 individuos, 16 varones y 9 hembras sanos entre 18-35 años con un índice masa corporal (IMC) estable entre 19-30 de Luisiana (EEUU), estudiados durante 10-12 semanas en una Unidad "ad hoc", sin prescripción de ejercicio físico, y sin que ellos supieran que tipo de dieta iban a consumir. Los participantes, tras consumir una dieta para estabilizar su peso corporal entre 13-25 días fueron aleatorizados en dietas conteniendo 5% (baja), 15% (normal) y 25% (alta) de proteínas durante 8 semanas de las 10-12 de permanencia en la unidad. Las mediciones se hicieron en base a Rayos X de doble energía, absorciometría bisemanal, el gasto energético en reposo en base a la medición semanal por campana de ventilación, y el gasto energético total mediante un doble marcaje del agua consumida antes del período de estabilización y en las semanas 7º y 8º.
Con un IMC medio de 25.1 (19.7-29.5), tanto el peso corporal, masa magra corporal, la masa grasa, el total de energía diaria gastada, y la tasa de metabolismo basal no variaron significativamente entre las tres tipos de dietas. La ingesta energética para mantener el peso durante el 10º día del período de estabilización no fue diferente entre los tres grupos de dietas y no fue significativamente más grande que el gasto energético basal 125 kcal/d (IC 95%, 63-312 kcal/d; P=0.18). Durante los 56 días de dieta hipercalórica se consumieron un exceso de 50 729 kcal/d (IC 95% 47 065-54 393kcal; P=0.13); y todos ellos ganaron peso, de tal modo que en el grupo bajo en proteínas una media de 3.16 kg (IC 95%, 1.88-4.44 kg), gano la mitad que los otros grupos, el normal en proteínas : 6.05 kg [IC 95%, 4.84-7.26 kg]; y el alto en proteínas: 6.51 kg (IC 95% , 5.23-7.79 kg); (P=.002).
La grasa corporal se incrementa de manera similar en los tres tipos de dietas yendo del 50% al 90% del exceso de calorías de reserva. No hubo aumento del gasto energético basal, del total de energía gastado, y de las proteína corporales en la dieta hipercalórica bajas en proteínas. Sin embargo, el gasto energético basal varió entre la dieta normal 160 kcal/d [IC 95%, 102-218 kcal/d], y la alta en proteínas: 227 kcal/d [IC 95%, 165-289 kcal/d]), y las proteínas corporales (masa magra corporal) varió en una dieta normal en proteínas de 2.87 kg [IC 95%, 2.11-3.62 kg]; a 3.18 kg [IC 95%, 2.37-3.98 kg]) de una dieta alta en proteínas. En general la ingesta de proteínas predice el incremento de la masa magra corporal pero no los depósitos grasos. Con este estudio se demuestra que la cantidad de proteínas en la dieta hipercalórica influye el peso corporal, mayor cuanto más proteínas se ingieren. De tal modo que una dieta con solo 5% de proteínas tiene mayor coste energético y menor ganancia de peso que aquellas que la energía aportada provenía en un 15 o un 25% de proteínas. A misma cantidad de energía extra consumida generan mayor peso las dietas hiperproteicas que las bajas en proteínas. Con bajas proteínas el 90% de la energía extra acumulada se hace en forma de grasas, no habiendo cambios en la masa magra corporal. No así, en cambio, en las altas en proteínas donde solo el 50% del exceso de energía lo hacía en forma de grasas y el resto es consumido (termogénesis), lo que refleja el tremendo coste energético que supone la síntesis y el almacenaje proteínico en el cuerpo. O sea, en general las calorías extras consumidas incrementan grasa corporal, pero el % de proteínas contribuye a generar cambios en el gasto energético y en la grasa magra del cuerpo sin incrementar la grasa corporal.
Bray GA, Smith SR, de Jonge L, Xie H, Rood J, Martin CK, Most M, Brock C, Mancuso S, Redman LM. Effect of dietary protein content on weight gain, energy expenditure, and body composition during overeating: a randomized controlled trial. JAMA. 2012 Jan 4;307(1):47-55.
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