domingo, 2 de julio de 2017

La American Heart Association insiste en reducir la ingesta de grasas saturadas en la dieta

La American Heart Association insiste en reducir la ingesta de grasas saturadas en la dieta

La recomendación de la American Heart Association (AHA) de reducir la ingesta de grasas saturadas en la dieta, y con ello reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV), viene de lejos, desde el 1961. Con todo, las evidencias han ido cambiando, e incluso existe una cierta controversia en sentido contrario (que comentamos en este blog), de ahí que este organismo en forma de “"Presidential Advisory"  revise éstas e intente con ello dejar las ideas claras.
Las evidencias entre el consumo de grasas saturadas, poliinsaturadas  o monoinsaturadas, y los hidratos de carbono (HC) en la dieta y sus efectos en ECV han ido cambiando, aunque no en lo esencial, según se desprende del documento, la recomendación de reducir la ingesta de grasas saturadas en la dieta. En este documento se discuten cada uno de éstas con la excepción de las grasas poliinsaturadas de cadena larga n-3 provenientes del pescado, que son tratados en otro documento del AHA.
Dejan claro que las evidencias son rotundas al afirmar que la ingesta de grasas saturadas en la dieta se relaciona con los niveles de LDL-colesterol (LDL-c), y de éste con la arteriosclerosis en animales y humanos y ello con la ECV. La reducción de éstos y su sustitución con grasas poliinsaturadas lleva a la disminución de la ECV hasta en un 30%, semejante a la lograda con las estatinas, según muestra diversos estudios, y la epidemiología nos lo muestra en forma de las tasas de ECV en ciertas sociedades, como la mediterránea o la este-asiática.
Por otro lado, la sustitución de las grasas saturadas por HC o azúcares refinados no se asociaría, sin embargo, con reducciones en los ECV.  Distinguiendo entre tipos de HC, fueran blancos o refinados o integrales (que reducirían el riesgo).
En la actualidad la Guía de Práctica Clínica (GPC) del AHA/American College of Cardiology recomienda disminuir la ingesta de grasa saturada a no más del 5-6% del total de energía ingerida en individuos que tuvieran el LDL-c elevado. Y, en general, las GPC dietéticas americanas recomiendan ingerir menos del 10% de las calorías en forma de grasas saturadas, reemplazando éstas por insaturadas.
Los últimos años algunos metaanálisis de estudios observacionales y de ensayos clínicos aleatorizados (ECA) han llegado a conclusiones discordantes entre la ingesta de grasa saturada en la dieta y los ECV, esto ha creado una gran confusión entre los pacientes y los sanitarios, de ahí que la AHA analice y discuta la metodología y la interpretación de éstos resultados y las razones de éstas conclusiones encontradas.
Tras ello, la  AHA continua apostando con reducir la ingesta de grasas saturadas para disminuir el riesgo de ECV, sin embargo, insisten en que el cambio, los alimentos con grasas saturadas deben sustituirse por aquellos con grasas poliinsaturadas, pero no por HC refinados (estarían permitidos los HC  integrales como sustitutivos). Este patrón dietético es el que siguen dietas como la DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension) o la dieta mediterránea.
Señalan en distinguir las grasas de origen animal de las vegetales cuando existen aceites, como el de coco, el de palma…, en los que las grasas que poseen son esencialmente saturadas y elevan las LDL-c de la misma manera que las grasas saturadas provenientes de la mantequilla, carnes…, no es del todo conveniente.
Dejan la idea de que las grasas poliinsaturadas (aceite de soja, de cacahuete y maíz) son las mejores grasas que podemos consumir, seguidas por las monoinsaturadas, que se encuentran en el aceite de girasol, de oliva, nueces, y el aguacate.  Este tipo de grasas no solo reducen los niveles de LDL-c, si no que disminuyen las insulinorresistencia. Se asocian con reducciones de la mortalidad total y cardiovascular sin aumentar la mortalidad por otras causas.
El problema, y de ahí las discordancias entre los estudios, es la sustitución de las grasas saturadas por alimentos con  HC  refinados o no integrales (pan blanco), este comportamiento no reduce los riesgos inherentes al consumo de las grasas saturadas.
Este documento de la AHA no dice nada nuevo que no se haya dicho antes, pero convenía recalcarlo a los efectos de despejar dudas en este tema.

Sacks FM, Lichtenstein AH, Wu JHY, Appel LJ, Creager MA, Kris-Etherton PM, Miller M, Rimm EB, Rudel LL, Robinson JG, Stone NJ, Van Horn LV; American Heart Association.
 Dietary Fats and Cardiovascular Disease: A Presidential Advisory From the American Heart Association. Circulation. 2017 Jun 15. pii: CIR.0000000000000510. doi: 10.1161/CIR.0000000000000510. [Epub ahead of print] 






No hay comentarios: