El Congreso EASD 2026 de Milán ha servido como escenario para presentar el nuevo consenso ADA/EASD sobre el manejo de la DM2, de la mano de dos de sus principales autores, Melanie J. Davies y John B. Buse. El documento definitivo, titulado Management of Type 2 Diabetes, 2026. A Consensus Report by the American Diabetes Association (ADA) and the European Association for the Study of Diabetes (EASD), ya ha sido publicado simultáneamente en Diabetes Care y Diabetologia.
Y el cambio no es solo de título. El nuevo consenso amplía explícitamente el foco desde el manejo de la hiperglucemia hacia el manejo holístico de la DM2 y de las múltiples condiciones crónicas asociadas. El objetivo ya no puede ser únicamente alcanzar una determinada HbA1c: hay que pensar también en protección cardiorrenal, peso, función física, bienestar, calidad de vida y prevención de complicaciones a largo plazo. (Sigue leyendo...)
Esto no significa que la glucemia haya dejado de importar. La HbA1c continúa siendo una pieza fundamental del tratamiento, pero deja de ser la única brújula. En la práctica, el clínico debe preguntarse desde el diagnóstico: ¿qué riesgo cardiovascular tiene esta persona?, ¿hay enfermedad renal?, ¿insuficiencia cardiaca?, ¿obesidad?, ¿MASLD o MASH?, ¿apnea obstructiva del sueño?, ¿fragilidad?, ¿riesgo de hipoglucemia?, ¿qué barreras sociales o personales condicionan la adherencia y la implementación del tratamiento?
Los autores resumieron buena parte de este cambio de paradigma en cuatro mensajes clave. Primero, el consenso amplía el foco desde la hiperglucemia hacia un abordaje holístico de la DM2 y de sus múltiples condiciones crónicas asociadas. Segundo, se defiende un uso más precoz de iSGLT2 y/o terapias basadas en GLP-1, potencialmente desde el diagnóstico, con el objetivo de ofrecer protección de órgano y mejorar los resultados a largo plazo. Tercero, se plantea también una utilización más temprana de la combinación de ambas familias en personas con enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica e insuficiencia cardiaca concomitantes. Y cuarto, quizá el mensaje más optimista: tenemos ya a nuestro alcance herramientas capaces de transformar el pronóstico de las personas con DM2; el reto es implementarlas de forma consistente, equitativa y sistemática.
Quizá uno de los mensajes más importantes del consenso sea precisamente el adelanto del tratamiento con iSGLT2 y/o terapias basadas en GLP-1, potencialmente desde el propio diagnóstico, con el objetivo de modificar el riesgo de enfermedad y de complicaciones a largo plazo. El documento señala además que ambas familias aportan beneficios cardiovasculares independientemente del uso de metformina y deben considerarse entre las opciones terapéuticas de primera línea cuando exista una indicación clínica para ello.
Es un cambio conceptual importante. Durante años, la metformina ocupó casi automáticamente el primer escalón farmacológico. El consenso ADA/EASD de 2022 ya había relativizado este esquema, especialmente en personas con enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardiaca o enfermedad renal crónica. El consenso de 2026 va un paso más allá: no debemos esperar necesariamente a que aparezca la complicación para pensar en protección de órgano. El tratamiento debe anticiparse al riesgo y aprovechar de forma más temprana terapias que ya han demostrado capacidad para modificar el pronóstico.
Además, los beneficios de iSGLT2 y terapias basadas en GLP-1 pueden ser aditivos. Su combinación puede considerarse en personas con alto riesgo cardiovascular o con enfermedad cardiovascular o renal establecida, incluso independientemente de la HbA1c. Eso sí, el propio documento matiza que la evidencia actual no obliga a iniciar ambas familias simultáneamente desde el principio: la estrategia debe individualizarse según objetivos, riesgo y comorbilidades.
En ERC, los iSGLT2 se consolidan como base de la protección cardiorrenal. El consenso recomienda iniciar un iSGLT2 con beneficio demostrado para mejorar los resultados renales y de insuficiencia cardiaca y reducir eventos cardiovasculares, manteniéndolo hasta que esté indicada la terapia renal sustitutiva. Las terapias basadas en GLP-1 también adquieren un papel relevante, y se reconoce específicamente el beneficio de semaglutida para reducir el riesgo de progresión de la ERC. En presencia de albuminuria, finerenona completa una estrategia cada vez más orientada a combinar mecanismos de protección.
En insuficiencia cardiaca, los iSGLT2 continúan siendo prioritarios independientemente de la fracción de eyección para mejorar los resultados de insuficiencia cardiaca y renales. Pero aparece también otro mensaje relevante: en personas con obesidad e insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada, semaglutida o tirzepatida deberían utilizarse para mejorar los síntomas de insuficiencia cardiaca.
El consenso incorpora además de forma mucho más explícita condiciones relacionadas con la obesidad y la DM2, como la MASLD/MASH y la apnea obstructiva del sueño. En MASLD, la pérdida de peso se establece como uno de los principales objetivos terapéuticos y el estilo de vida continúa siendo la base del tratamiento. En personas con obesidad, DM2 y MASLD se recomienda una terapia basada en GLP-1 con beneficio demostrado. En MASH confirmada mediante biopsia, se prefiere también una terapia basada en GLP-1 con beneficio demostrado, mientras que pioglitazona o tirzepatida pueden considerarse. En fibrosis moderada o avanzada se recomienda además la valoración por hepatología para plantear tratamientos específicos.
En apnea obstructiva del sueño, el documento permite priorizar tirzepatida o un arGLP-1 con beneficio demostrado en personas con obesidad, DM2 y OSA. En cambio, en deterioro cognitivo el mensaje continúa siendo prudente: todavía no existe evidencia suficiente para recomendar un fármaco hipoglucemiante concreto por sus efectos cognitivos, por lo que deben priorizarse la seguridad, la simplicidad terapéutica y la prevención de hipoglucemias.
Pero, como ya ocurría en 2022, este consenso no se limita a los fármacos. Una de sus propuestas más docentes es la incorporación de las llamadas 5S dentro de los comportamientos físicos de 24 horas: aumentar el tiempo de estar de pie (Standing), aumentar los pasos (Stepping), realizar actividad aeróbica que haga “sudar” (Sweating), incorporar ejercicio de fuerza (Strengthening) y cuidar el sueño (Sleeping). El mensaje va mucho más allá de recomendar simplemente “caminar”: hay que reducir el sedentarismo, moverse más durante todo el día, mantener la fuerza muscular y proteger también el sueño.
Y quizá aquí se encuentre el verdadero mensaje de fondo del documento. Tenemos cada vez más evidencia, más fármacos, más herramientas para proteger órganos y más posibilidades de modificar el pronóstico de las personas con DM2. Pero el reto es integrarlo todo de una forma coherente y centrada en la persona. El tratamiento debe considerar preferencias, comorbilidades, riesgo absoluto, determinantes sociales, barreras al tratamiento y objetivos individuales.
Para nuestras consultas de Atención Primaria, esto tiene una traducción muy concreta: detectar antes, estratificar mejor el riesgo, buscar activamente las condiciones asociadas, tratar de forma más precoz, revisar periódicamente los objetivos y trabajar de forma coordinada con el resto del equipo sanitario.
En conjunto, el consenso ADA/EASD 2026 consolida una evolución que llevamos años observando: de entender la diabetes fundamentalmente como una enfermedad de la glucemia, a abordarla como una enfermedad metabólica compleja, cardiovascular, renal y profundamente relacionada con la obesidad y otras condiciones crónicas.
La glucemia sigue importando, por supuesto. Pero ya no basta.
El tratamiento de la DM2 se adelanta, se combina cuando es necesario, se personaliza y se orienta cada vez más a modificar el pronóstico a largo plazo. El mensaje que Davies y Buse dejaron sobre la mesa en Milán es probablemente sencillo de formular, aunque bastante más difícil de implementar: no debemos limitarnos a tratar la hiperglucemia; debemos tratar antes a la persona que vive con diabetes y el riesgo que tendrá durante los próximos años.
Cuídense.

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