A pesar de su marcada heterogeneidad clínica, la DM2 se ha considerado tradicionalmente una entidad homogénea. En 2018, Ahlqvist et al. aplicaron un análisis de clústeres a pacientes con diabetes de reciente diagnóstico. Así identificaron cinco subgrupos con distinta progresión y distinto riesgo de complicaciones: diabetes autoinmune grave (SAID), diabetes grave por déficit de insulina (SIDD), diabetes grave por resistencia a la insulina (SIRD), diabetes leve asociada a obesidad (MOD) y diabetes leve asociada a la edad (MARD). En una cohorte mediterránea de pacientes con DM2 de reciente diagnóstico (SIDIAP), estos subgrupos fueron reproducibles, pero la clasificación en cinco grupos mostró una estabilidad limitada. Un modelo simplificado de tres fenotipos fue más estable: resistencia a la insulina/obesidad, déficit de insulina y diabetes relacionada con la edad.
Estos datos indican que la fenotipificación de la DM2 es factible, aunque la estructura de los clústeres depende de la población estudiada y no debe asumirse como universal (Fernandez-Camins B, Vlacho B, Rojo-López MI, Granado-Casas M, Gratacòs M, Ortega-Bravo M, et al.; COPERNICAN Research Group. Phenotypic clustering of newly diagnosed type 2 diabetes in a Mediterranean cohort. Cardiovasc Diabetol. 2026;25(1):186. doi: 10.1186/s12933-026-03198-w). Hoy, predecir la DM2 ya no se limita a aplicar una escala de riesgo o a determinar la glucemia basal, como ilustran las comunicaciones más relevantes de esta sesión. (Sigue leyendo...)
1.- Developing type 2 diabetes despite low predicted risk identifies a subgroup with increased insulin requirement, complication risk, and mortality: a matched UK cohort study. Dinsdale M, et al. (Exeter, Reino Unido)
Una proporción considerable de personas desarrolla DM2 pese a presentar un riesgo bajo según QDiabetes (umbral de alto riesgo >5,6%), y en el Reino Unido quedan fuera del cribado con HbA1c. Este estudio comparó sus características clínicas y su pronóstico con los de los pacientes clasificados como de alto riesgo. Se incluyeron 305.841 pacientes con DM2 diagnosticada entre 2013 y 2023, procedentes de la base de datos CPRD. Se emparejaron en proporción 4:1 por edad, sexo y año de diagnóstico, y se analizaron los desenlaces a 10 años. El 11,8% tenía un riesgo predicho bajo. Estos pacientes eran más jóvenes (52 frente a 60 años) y más delgados (IMC 26 frente a 34 kg/m²), pero presentaban una HbA1c más elevada al diagnóstico (8,6% frente a 7,7%). Durante el seguimiento necesitaron insulina (INS) con más frecuencia (+38%) y desarrollaron más retinopatía grave (+29%) y menos nefropatía (−17%). También tuvieron una mayor mortalidad (+30%), fundamentalmente de causa no cardiovascular. Las escalas de riesgo no detectan, por tanto, un fenotipo de DM2 joven, delgado y con mayor hiperglucemia al diagnóstico. Este fenotipo es compatible con un predominio del déficit de INS y tiene una evolución clínica más desfavorable.
2.- Longitudinal trajectories and predictive value of insulin resistance and sensitivity indices for type 2 diabetes across adiposity phenotypes. Gunnarsson S, et al. (Malmö, Suecia)
En 2.209 adultos sin DM2 de la cohorte Botnia, seguidos durante una mediana de 6,9 años, los índices de sensibilidad a la INS (HOMA2-%S, Stumvoll y Matsuda) fueron los mejores predictores de DM2 en todos los fenotipos de adiposidad. HOMA-IR y Adipo-IR aportaron información sobre todo por su valor basal. En cambio, los índices basados en triglicéridos (TyG y cociente TG/HDL-c) resultaron informativos por su trayectoria a lo largo del tiempo y no por una determinación aislada. En atención primaria, el índice TyG puede calcularse a partir de cualquier analítica rutinaria y resulta útil cuando se monitoriza su evolución. Un aumento progresivo del TyG a lo largo de los años identifica a pacientes en progresión hacia la DM2.
3.- Elevated 1-hour postload glucose is a risk factor of incident type 2 diabetes in adults with normal glucose regulation: a pooled analysis of individual participant's data from six prospective studies. Gabriel R, et al. (Madrid)
La sobrecarga oral de glucosa (SOG) valora clásicamente la glucemia basal y a las 2 horas. Se ha propuesto que la glucemia a los 60 minutos (1-h PG) permita detectar la disglucemia en una fase más precoz, cuando esos dos valores todavía son normales. En un análisis agrupado de datos individuales de seis estudios prospectivos se siguió durante 10 años a 9.569 adultos con regulación normal de la glucosa (edad media 46 años; 79% hombres). El 13% presentaba una 1-h PG ≥155 mg/dL (8,6 mmol/L). De ellos, el 24% desarrolló DM2, frente al 8% del resto (OR 3,5). En esta población, con glucemia a las 2 horas normal (<140 mg/dL; <7,8 mmol/L), la 1-h PG predijo la DM2 mejor que la glucemia basal o la de las 2 horas, aunque con una capacidad discriminativa moderada (AUC 0,71). Una 1-h PG ≥155 mg/dL identifica, por tanto, a personas normoglucémicas con un riesgo de DM2 entre 3 y 4 veces mayor. Cuando la SOG ya está indicada, añadir una extracción a los 60 minutos supone un coste mínimo y permite adelantar las intervenciones preventivas.
4.- Immune endotypes define risk and trajectories in type 2 diabetes. Venteclef N, et al. (INSERM, París)
Dado el papel central de la inflamación en la DM2, los autores buscaron una estratificación inmunológica sencilla y aplicable en la práctica clínica. A partir del hemograma de rutina (recuentos de neutrófilos, linfocitos y monocitos), clasificaron a los pacientes con DM2 de reciente diagnóstico en cuatro perfiles inmunitarios con pronóstico diferente. El estudio incluyó a más de 1.500 pacientes de tres cohortes europeas, y los resultados se validaron en hasta 67.000 personas mediante estudios multiómicos, con un seguimiento de 5 a 12 años.
Dos perfiles se asociaron a un mayor riesgo cardiovascular, renal y de mortalidad. El perfil SIND (inflamatorio grave) se caracteriza por la activación de monocitos proinflamatorios, y el perfil LYDD por un déficit de linfocitos. En cambio, los perfiles MIND (inflamatorio leve) y LYRD (rico en linfocitos) mostraron un pronóstico más favorable. Los perfiles se mantuvieron estables en el tiempo y aportaron información pronóstica independiente de los factores de riesgo clínicos clásicos. Además, fueron modificables: el bloqueo de la IL-1β eliminó el perfil SIND, y la cirugía bariátrica desplazó a los pacientes hacia perfiles de menor riesgo.
Un parámetro sencillo, barato y universalmente disponible como el hemograma podría, por tanto, estratificar el riesgo en el momento del diagnóstico e identificar a candidatos a tratamiento antiinflamatorio. No obstante, es necesario validar estos hallazgos en poblaciones no europeas y, sobre todo, demostrar que su aplicación se traduce en un beneficio clínico.
Un éxito: primera mesa y ya hemos sobrevivido con nota.

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