19 de junio de 2026

ADA 2026.- Preservación de masa magra durante el uso de terapias basadas en GLP1


Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)

Se trata de una presentación de Ian J. Neeland (el mismo autor del primer artículo), titulada “Preserving Lean Body Mass while on GLP-1-Based Therapies”, fechada el 8 de junio de 2026. El uso de arGLP-1 y de agonistas duales como tirzepatida (TIRZE) está creciendo rápidamente, y gran parte de su seguimiento corresponde a Atención Primaria. Una de las principales preocupaciones es la calidad de la pérdida de peso conseguida, especialmente el posible impacto sobre la masa muscular. La conferencia del Dr. Neeland sintetiza la evidencia disponible y traza una hoja de ruta clínica que encaja perfectamente con el papel preventivo y educativo de la Atención Primaria.

La evidencia disponible muestra que toda pérdida de peso, ya sea inducida por dieta, fármacos, cirugía o enfermedad, se acompaña de cierta pérdida de masa magra. Tradicionalmente se ha estimado que aproximadamente un 25% del peso perdido corresponde a masa libre de grasa, aunque esta proporción es muy variable según las características del paciente, el tratamiento utilizado y las intervenciones sobre el estilo de vida. (Sigue leyendo...)

La preservación de la masa muscular tiene relevancia clínica y metabólica. Cada kilogramo de músculo perdido reduce el gasto energético basal en unas 13 kcal/día, mientras que cada kilogramo de grasa supone aproximadamente 4 kcal/día. Mantener la masa muscular favorece, por tanto, la pérdida de peso sostenida y ayuda a prevenir la recuperación ponderal.

Un aspecto importante es que la masa magra medida mediante DXA no equivale exclusivamente a músculo, ya que también incluye órganos, hueso y agua corporal. Por ello, una reducción de la masa magra observada en los estudios no implica necesariamente una pérdida significativa de tejido muscular. Las técnicas más precisas, como la resonancia magnética (RM), permiten valorar directamente el volumen muscular y su calidad.

Los estudios con RM de liraglutida (subanálisis de Neeland/Pandey) y de TIRZE (SURPASS-3 MRI) muestran que la reducción de volumen muscular es esperable para el grado de pérdida de peso alcanzado y que ambas terapias reducen la infiltración grasa del músculo (mejor calidad muscular), justo lo contrario del aumento de grasa intramuscular que ocurre con el envejecimiento.

Esto importa porque la «composición muscular adversa» (poco volumen muscular + mucha grasa infiltrada) se asocia a mayor mortalidad y comorbilidad cardiometabólica. La mejoría de la calidad muscular reduce la probabilidad de pérdida de fuerza y función, reforzando la idea de un proceso adaptativo más que perjudicial.

Las estrategias no farmacológicas —especialmente ejercicio de fuerza y adecuada ingesta proteica— son clave para optimizar el tratamiento con arGLP-1.

En condiciones generales se recomiendan 0,8 g/kg/día de proteína, pero en déficit energético moderado pueden requerirse hasta 1,6 g/kg/día para preservar masa magra. Este efecto se reduce con déficits muy elevados (>40%), donde los aminoácidos se utilizan como energía.

La suplementación proteica es especialmente eficaz combinada con entrenamiento de fuerza (estudio de Mertz et al.: la proteína de suero con entrenamiento intenso mejoró el área de sección del cuádriceps y la fuerza).

Relevante con arGLP-1: puede producirse un desplazamiento de las preferencias alimentarias hacia una menor ingesta de proteína de calidad, por lo que conviene reforzar este punto en la consulta.

Con la evidencia actual, el balance de los arGLP-1 sobre el músculo es tranquilizador: la pérdida de masa magra es, en su mayor parte, proporcional al peso perdido y se acompaña de una mejor calidad muscular. La tarea de la Atención Primaria es anticiparse: identificar a los pacientes vulnerables a la sarcopenia, recomendar de forma proactiva ejercicio de fuerza y aporte proteico adecuado, y vigilar la función más que el peso de la báscula. El futuro próximo, con combinaciones farmacológicas que preserven o aumenten el músculo, promete hacer aún más sostenible y saludable la pérdida de peso.

Antes de iniciar el tratamiento es recomendable valorar los hábitos alimentarios y el nivel de actividad física, descartar posibles trastornos de la conducta alimentaria (SCOFF o ESP: ≥2, derivar), evaluar la salud mental y estimar el riesgo de sarcopenia u osteopenia, especialmente en personas mayores. También es importante identificar barreras sociales o económicas que puedan dificultar la adherencia y establecer objetivos realistas y consensuados con el paciente.

Qué hacer con la dieta durante el tratamiento:
  • Priorizar la densidad nutricional sobre las calorías. Fomentar frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, lácteos, proteína magra, frutos secos y aceites saludables. Minimizar carbohidratos refinados, azúcares, bebidas azucaradas, carnes procesadas, ultraprocesados y alcohol.
  • Proteína suficiente. Durante la fase de pérdida: 1,2-1,5 g/kg/día (o ~25-30% de la energía en una dieta de 1600 kcal, u 80-120 g/día). En mantenimiento: ≥0,8 g/kg/día, algo más en mayores. Consumir la proteína primero en la comida si hay poco apetito.
  • La proteína sola no basta: debe acompañarse de entrenamiento de fuerza (≥2-3 sesiones/semana) más ≥150 min/semana de actividad aeróbica para preservar músculo y hueso.
  • Comidas pequeñas y frecuentes, a horas regulares, evitando ayunos prolongados que favorecen la reganancia de hambre y los antojos de azúcar y refinados.
  • Hidratación adecuada (2-4 L/día) y fibra (≥25 g en mujeres, ≥30 g en hombres, ≥35 g en diabetes).
  • Considerar suplementos (vitamina D, calcio, vitamina B12 o multivitamínico) si la ingesta es muy baja (<1200 kcal en mujeres, <1800 kcal en hombres).
Los efectos digestivos son frecuentes, especialmente al inicio del tratamiento. Las náuseas suelen mejorar con comidas pequeñas y frecuentes y evitando alimentos grasos; el estreñimiento responde habitualmente al aumento de fibra, líquidos y actividad física; y la diarrea puede controlarse limitando las comidas copiosas o ricas en grasas. En todos los casos es importante vigilar el riesgo de deshidratación.
Tras la suspensión del tratamiento, mantener los hábitos dietéticos y de actividad física adquiridos es esencial para reducir la recuperación ponderal. El apoyo conductual continuado y, cuando sea posible, la colaboración con dietistas-nutricionistas pueden contribuir de forma significativa a consolidar los resultados obtenidos.

En definitiva, los GLP-1 son un excelente adyuvante para el tratamiento de la obesidad, pero no sustituyen los pilares fundamentales del manejo a largo plazo: una alimentación saludable, el ejercicio —especialmente el entrenamiento de fuerza— y un seguimiento continuado e individualizado desde Atención Primaria.








Neeland IJ, Linge J, Birkenfeld AL. Changes in lean body mass with glucagon-like peptide-1-based therapies and mitigation strategies. Diabetes Obes Metab. 2024;26(Supl. 4):16-27. doi:10.1111/dom.15614.

Mehrtash F, Dushay J, Manson JE. I am taking a GLP-1 weight-loss medication—what should I know? JAMA Intern Med. 2025;185(9):1180. doi:10.1001/jamainternmed.2025.2086.

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