El Congreso ADA 2026 ha servido como escenario para presentar la nueva propuesta de consenso ADA/EASD sobre el manejo de la DM2, bajo el título completo de la sesión: “ADA EASD Consensus Statement on Management of Type 2 Diabetes: Management of Hyperglycemia in Type 2 Diabetes”. La sesión fue presidida por John B. Buse y Melanie J. Davies. Por alguna razón, la sesión no está disponible grabada en el congreso online, pero la repercusión ha sido tal que pensábamos que era importante comentarla en el Blog.
Conviene empezar con una advertencia: no estamos todavía ante el documento definitivo. Su versión final se presentará en el congreso de la EASD en Milán en octubre de 2026. La propia presentación insiste en que se trata de una propuesta en revisión. Es el mismo proceso que ocurrió en 2021, cuando se presentó el boceto del actual consenso ADA/EASD de 2022. Dicho esto, el mensaje general parece claro: el consenso ADA/EASD 2026 profundiza una línea ya iniciada en 2022, pero con un giro aún más explícito hacia una atención anticipatoria, integrada, centrada en la persona y orientada a complicaciones y condiciones crónicas asociadas. (Sigue leyendo...)
La DM2 deja de presentarse como una enfermedad cuyo eje principal sea únicamente la HbA1c. El nuevo consenso amplía el foco desde el “manejo de la hiperglucemia” hacia el manejo holístico de la DM2 y del riesgo de múltiples comorbilidades asociadas. Los objetivos de cuidado deben ir más allá del control glucémico e incluir protección cardiorrenal, manejo del peso, función física, bienestar y calidad de vida. Este enfoque no supone abandonar la glucemia, sino recolocarla. La HbA1c sigue siendo importante, pero ya no parece suficiente como brújula única para decidir el tratamiento. En la práctica, esto significa que el clínico debe preguntarse desde el inicio: ¿qué riesgo cardiovascular tiene esta persona?, ¿hay enfermedad renal?, ¿insuficiencia cardiaca?, ¿obesidad?, ¿MASLD/MASH?, ¿apnea del sueño?, ¿fragilidad?, ¿riesgo de hipoglucemia?, ¿qué barreras sociales o personales condicionan la adherencia y la implementación?.
Uno de los puntos más relevantes de la propuesta es la defensa de un uso más temprano de los iSGLT2 y/o de las terapias basadas en GLP-1, potencialmente desde el diagnóstico, con el objetivo de modificar el riesgo de enfermedad y complicaciones a largo plazo. Este punto tiene implicaciones muy importantes. Como todos saben, durante años, la metformina ocupó el papel casi automático de primer escalón farmacológico. El consenso ADA/EASD 2022 ya había relativizado ese dogma en pacientes con enfermedad CV, IC o ERC. La propuesta de 2026 parece ir un paso más allá: no se trata solo de “añadir” estos fármacos cuando aparece la complicación, sino de pensar antes en protección de órgano, riesgo absoluto y el futuro del paciente. Además, la combinación de ambas familias podría considerarse en pacientes de alto riesgo o con enfermedad cardiovascular o renal establecida, incluso independientemente de los niveles de HbA1c.
La propuesta refuerza el lugar de los iSGLT2 como base de protección en insuficiencia cardiaca y enfermedad renal crónica. En personas con ERC, las diapositivas recomiendan iniciar un iSGLT2 con beneficio demostrado para mejorar resultados renales, insuficiencia cardiaca y eventos cardiovasculares, y mantenerlo hasta que esté indicada la terapia renal sustitutiva. También se destaca el papel de las terapias basadas en GLP-1 con beneficio demostrado, incluyendo semaglutida para reducir el riesgo de progresión de ERC, y la posibilidad de añadir finerenona en ERC albuminúrica.
En insuficiencia cardiaca, los iSGLT2 continúan siendo prioritarios para mejorar resultados de insuficiencia cardiaca y renales. Pero aparece también un mensaje muy actual: en personas con obesidad e insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada, semaglutida o tirzepatida deberían utilizarse para mejorar síntomas y resultados. Este punto ilustra bien cómo el documento conecta diabetes, obesidad, insuficiencia cardiaca y calidad de vida, no como compartimentos aislados, sino como partes de una misma trayectoria clínica.
Otra novedad relevante es la incorporación más explícita de condiciones asociadas a la obesidad y a la DM2, como la MASLD/MASH y la apnea obstructiva del sueño. En MASLD, el documento sitúa la pérdida de peso como objetivo terapéutico principal y mantiene el estilo de vida como base. En personas con obesidad, DM2 y MASLD, se prioriza una terapia basada en GLP-1 con beneficio demostrado. En MASH confirmada por biopsia, se prefiere una terapia basada en GLP-1 con beneficio demostrado (semaglutida), mientras que pioglitazona o tirzepatida podrían considerarse. También se menciona la derivación a hepatología en fibrosis moderada o avanzada para valorar tratamientos específicos. En apnea obstructiva del sueño, la propuesta sugiere priorizar tirzepatida o un agonista del receptor GLP-1 con beneficio demostrado en personas con obesidad, DM2 y OSA. En cambio, en deterioro cognitivo, el mensaje es prudente: no existe todavía evidencia suficiente para preferir ningún fármaco hipoglucemiante por resultados cognitivos, por lo que deben priorizarse la seguridad y la simplicidad terapéutica.
Como en 2022, este consenso no se limita a fármacos. Una de las partes más interesantes es la recomendación de las llamadas 5S: aumentar el tiempo de estar de pie (Standing), aumentar los pasos (Stepping), incorporar actividad aeróbica que haga “sudar” (Sweating), añadir ejercicio de fuerza (Strengthening) y cuidar el sueño (Sleep). La recomendación mantiene el clásico objetivo de al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada-vigorosa, o 75 minutos vigorosa, repartidos en al menos tres días por semana, junto con ejercicio de resistencia 2-3 veces por semana. Pero el mensaje práctico es más amplio: no basta con “mandar caminar”, hay que reducir el sedentarismo, aumentar el movimiento diario, incorporar fuerza y cuidar el sueño.
Una idea clave de Melanie Davies fue que, aunque ahora hay más evidencia sobre fármacos, protección de órgano, autocuidado y comportamientos físicos de 24 horas, el reto es integrarlo todo de una forma significativa para las personas que viven con diabetes. Esta quizá sea la parte más importante para Atención Primaria. El consenso no solo nos dice qué fármacos usar, sino que obliga a reorganizar la mirada clínica: detectar mejor, estratificar antes, revisar comorbilidades, consensuar objetivos, reevaluar periódicamente y trabajar con equipo.
En conjunto, la propuesta de consenso ADA/EASD 2026 parece consolidar una evolución histórica: de la diabetes como enfermedad de la glucemia, a la diabetes como enfermedad cardiovascular, metabólica y social. El control glucémico sigue importando, pero ya no basta. El tratamiento de la DM2 se adelanta, se combina, se personaliza y se orienta a prevenir complicaciones a largo plazo. Queda por conocer el texto final, las matizaciones tras el proceso de revisión y cómo se trasladará todo esto a sistemas sanitarios con diferentes recursos, financiación y acceso farmacológico. Pero el mensaje de fondo ya está sobre la mesa: la DM2 debe abordarse antes, de forma más integrada y con objetivos que vayan mucho más allá de la HbA1c.
Cuídense.
Toda la información de este post ha sido obtenida de las diapositivas de la sesión, de la propuesta de consenso y de ADA Meeting News. No se ha podido valorar la sesión online al no estar disponible on demand.


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