1 de marzo de 2026

Nueva edición del Atlas de la Diabetes de la FID: estimaciones de prevalencia de diabetes a nivel mundial, regional y nacional para 2024 y proyecciones para 2050


Comentario del Dr. Manuel Ruiz Quintero (@maruizquintero)

La 11.ª edición del Atlas de la Diabetes de la Federación Internacional de Diabetes (IDF) vuelve a poner cifras contundentes sobre una realidad que, como clínicos, ya intuíamos: la DM sigue creciendo a un ritmo preocupante en todo el mundo. Para 2024 se estima que 589 millones de adultos entre 20 y 79 años viven con esta enfermedad, lo que supone una prevalencia global del 11,1%. Si las tendencias actuales se mantienen, en 2050 se alcanzarán los 853 millones de personas con DM, casi un 45% más en apenas 25 años. No se trata de un incremento pequeño ni anecdótico, sino de una auténtica expansión de una patología crónica con enormes repercusiones sanitarias y sociales.

Uno de los aspectos más llamativos del informe es el fuerte gradiente por edad. La DM se concentra de forma clara en los grupos de mayor edad, alcanzando cifras cercanas al 25% entre los 75 y 79 años. En otras palabras, uno de cada cuatro adultos ≥65 años vive con DM. En cambio, en los adultos jóvenes la prevalencia es inferior al 2%. También resulta relevante la diferencia entre sexos. En 2024, la prevalencia estandarizada por edad fue mayor en hombres (11,55%) que en mujeres (10,68%), casi diez millones más de varones afectados. (Sigue leyendo...)

A esto se suma la clara brecha entre áreas urbanas y rurales: vivir en entornos urbanos se asocia a una mayor prevalencia de DM, algo que no sorprende si pensamos en el sedentarismo, la alimentación ultraprocesada y el estrés propio de muchas ciudades. Lo preocupante es que esta diferencia se ampliará en las próximas décadas con la urbanización creciente.

Sin embargo, el dato que considero más inquietante es el relacionado con el nivel de ingresos de los países. Más del 80% de las personas con DM viven en países de ingresos bajos y medios, y casi todo el aumento de casos previsto hasta 2050 ocurrirá en estas regiones. En los países más pobres se espera incluso un crecimiento superior al 130%. Esto plantea un escenario complicado: sistemas sanitarios con recursos limitados tendrán que hacer frente a una enfermedad crónica que requiere seguimiento continuo, medicación, educación sanitaria y manejo de complicaciones. Es una tormenta perfecta desde el punto de vista de la salud pública.

A nivel regional, Oriente Medio y el norte de África lideran la prevalencia mundial, con cifras cercanas al 20%, mientras que África subsahariana presenta las más bajas, alrededor del 5%. No obstante, este último dato debe interpretarse con cautela, ya que es precisamente en África donde hay menos estudios y mayor falta de datos fiables. Paradójicamente, es también una de las regiones donde se proyecta uno de los mayores aumentos futuros, lo que sugiere que la situación real podría ser peor de lo que reflejan las cifras actuales.

Me parece honesto y necesario que los autores reconozcan las limitaciones del estudio. La definición epidemiológica de DM utilizada en el Atlas se basa en una sola determinación alterada de glucosa, mientras que en la práctica clínica solemos exigir confirmación con dos pruebas si no hay síntomas. Esto puede llevar a una ligera sobreestimación de la prevalencia real. A ello se suma la falta de uniformidad en la definición de áreas urbanas y rurales, así como la escasez de datos en ciertas regiones del mundo. Son problemas habituales en grandes estudios globales, pero conviene tenerlos presentes para no interpretar las cifras como verdades absolutas.

Frente a estas debilidades, el Atlas tiene fortalezas indiscutibles. Está elaborado por un amplio equipo internacional de expertos y mantiene una continuidad metodológica con ediciones previas, lo que permite analizar tendencias a lo largo del tiempo. Además, el desglose por edad, sexo y entorno aporta una información muy valiosa para diseñar estrategias de prevención y políticas sanitarias más ajustadas a cada contexto.

En conjunto, los resultados transmiten un mensaje claro: la DM no solo es un problema médico, sino un reto global de enorme magnitud. Si no se refuerzan las estrategias de prevención, especialmente desde edades tempranas, y si no se apuesta por sistemas de atención primaria fuertes y accesibles, esta «epidemia silenciosa» seguirá creciendo. Las cifras del Atlas no deberían servir solo para alarmar, sino para impulsar acciones concretas que frenen esta tendencia antes de que el coste humano y económico sea aún mayor.

Cuídense y cuiden a quienes quieren.





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