El consumo de bebidas edulcoradas artificialmente (BEA) en sustitución de bebidas azucaradas (BA), y, por tanto, calóricas, se encuentra muy generalizado entre las personas con DM2. El consumo de ambas, en sucesivos metaanálisis, se ha relacionado con un incremento del riesgo de padecer diabetes, determinados tipos de cáncer en personas con DM, hipertensión, enfermedad cardiovascular o muerte; si bien los resultados deberían tomarse con precaución y no alarmar a la población, al tratarse de estudios basados en cohortes, sin que dispongamos, hasta el momento, de estudios de intervención. Hay poca evidencia sobre la influencia de las BEA sobre el control glucémico en personas con DM. De hecho, la American Diabetes Association (ADA) no recomienda el consumo de BEA; tan solo lo contempla como sustituto temporal a las BA. El consumo de agua como bebida saludable es lo recomendado.
Ciertamente, cambiar el consumo habitual de una BA calórica por otra acalórica ya rinde un beneficio por la reducción del consumo de hidratos de carbono de absorción rápida y, por tanto, en el consumo total de calorías y en el control glucémico, pero el consumo de edulcorantes no está exento de problemas, y no es el menor la alteración de la microbiota, posibles efectos hormonales o el del mantenimiento de la adicción al dulce. (Sigue leyendo...)
El presente estudio, denominado SODAS (Study of Drinks with Artificial Sweeteners), evaluó el efecto de sustituir el consumo de BEA por agua en el control de la HbA1c y del peso en personas con DM2. Se realizó en los EE. UU. e incluyó a 182 adultos con niveles de HbA1c entre 6,5% y 8,5% y consumo habitual de BEA. Se aleatorizaron a dos grupos paralelos: uno de control, al que se le proporcionaron 24 onzas de BEA (equivalente a unos 710 cc), y otro de intervención, al que se le proporcionó cantidad equivalente de agua o agua con gas embotellada. El objetivo primario fue el cambio en el nivel de HbA1c y, como objetivos secundarios, el nivel de fructosamina, insulina y glucosa en ayunas, el peso corporal y métricas de monitorización continua de glucosa (MCG).
Tras 24 semanas, la HbA1c disminuyó ligeramente en el grupo BEA (7,19% a 7,14%) y aumentó en el grupo agua (7,20% a 7,44%), con una diferencia media en el cambio de +0,29% (EE 0,12; p = 0,013) a favor del grupo BEA. No se observaron diferencias estadísticamente significativas en fructosamina, glucosa o insulina en ayunas, aunque la dirección de los cambios fue consistente con el resultado principal. El peso corporal se redujo modestamente en el grupo BEA y permaneció estable en el grupo agua, con una diferencia media de 1,11 kg (p = 0,045), considerada no clínicamente significativa. En las métricas de MCG, el tiempo en rango (70–180 mg/dL) disminuyó en ambos grupos, con una reducción mayor —aunque no significativa— en el grupo agua (−3,6%; p = 0,29).
Los autores concluyen que, en personas con DM2 que consumen habitualmente BEA y presentan un control glucémico relativamente estable, sustituir estas bebidas por agua durante 24 semanas no mejora el control glucémico ni el peso, y podría asociarse a un ligero empeoramiento de la HbA1c en comparación con mantener el consumo habitual de ASB, aunque este resultado debería tomarse con precaución. A falta de estudios que contradigan estos resultados, los autores no ven razón para que las personas con DM2 que consumen habitualmente BEA las abandonen y tomen agua buscando un mejor control glucémico y de peso, a la vez que pueden contribuir al mantenimiento del mismo cuando sustituyen a las BA.
En definitiva, se trata de un ensayo aleatorizado con bebidas de uso habitual y con el empleo complementario de MCG, y el tamaño de la muestra parece adecuado. Como puntos débiles, está la duración limitada, como también lo es la validez externa con las características de la muestra; no es un ensayo ciego, la adherencia se basa en autoinforme, no se evaluaron los efectos diferenciales entre los diversos tipos de edulcorantes y las cantidades de los mismos ingeridas, o las pautas de consumo con o sin alimentos, y no se exploraron los posibles mecanismos biológicos como la metabolómica o la microbiota.
Con los conocimientos de los que disponemos actualmente, el consumo de edulcorantes artificiales no está exento de posibles riesgos para la salud, como se ha comentado más arriba. El consumo de BEA en sustitución o en la reducción del de las BA ciertamente ayuda a la mejora del control metabólico y del peso en personas con DM2; puede ser un puente en la mejora de los hábitos nutricionales y, aunque no sería lo deseable, una alternativa en el caso de personas que no puedan abandonar el consumo de BA, pero no aporta nada al consumo de agua como bebida saludable.
Odegaard AO, Chang J, Jiang L, Rashid S, Rydell S, Mitchell NR, Bantle AE, Seaquist E, Reikes A, Pereira MA. The Effect of Substituting Water for Artificially Sweetened Beverages on Glycemic and Weight Measures in People With Type 2 Diabetes: The Study of Drinks With Artificial Sweeteners (SODAS), a Randomized Trial. Diabetes Care. 2026;49(2):239-246. doi:10.2337/dc25-1516.
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