27 de febrero de 2022

Semaglutide frente al liraglutide en la obesidad, el STEP-8

Semaglutide frente al liraglutide en la obesidad, el STEP-8

En diversos posts vamos siguiendo el devenir de las nuevas moléculas en el tratamiento de la obesidad, en concreto de los análogos del receptor del péptido-1 similar al glucagón (aGLP-1), habida cuenta sus efectos que van más allá de la pérdida de peso, y sobre todo por los nuevos fármacos de liberación prolongada.

En este sentido desde el congreso del European Association for the Study of Diabetes (EASD) el 2020 que se presento el programa Semaglutide Treatment Effect in People with obesity (STEP) vamos comentado las novedades que se van produciendo. Se trata de un programa de ensayos clínicos aleatorizado (ECA) realizado en varias fases a nivel mundial que investiga la eficacia de la semaglutida (“sema” en adelante)  en diversas dosis (1- 2,4 mg subcutáneo -s.c) semanal en la reducción de peso en personas obesas o con sobrepeso. 

Sabemos que los aGLP-1, y en concreto la sema, son capaces de reducir el apetito, la sensación de hambre, los antojos, aumentando la sensación de saciedad. Unos efectos dosis- dependientes lo que hace que se evalue la eficacia de la sema en diferentes dosis. Dentro de los aGLP1, el liraglutide (en adelante “lira”) diario 3,0 mg,  era el único que tenía esta indicación pues había demostrado sus bondades en la reducción del peso de estas personas; el programa  STEP  dentro de este grupo demostraría de que la sema podría ser superior a éste; y de esto va este comentario.

Comentamos el año pasado los resultados del estudio  STEP 1 (John P H Wilding et al) como que a dosis de 2,4 mg s.c semanal en relación al placebo junto con intervención sobre los estilos de vida en la reducción del peso corporal en personas sin DM2, la sema no solo era capaz de reducir el peso corporal si no de reducir los eventos cardiovasculares (EvCV) de las personas con DM2 que ya tenían enfermedad cardiovascular (ECV). 

En éste, los cambios en el peso corporal desde el inicio a la semana 68 llegaron a ser del −14,9%  en el grupo del sema (lo que es muy importante) en comparación con una reducción del −2,4% en el grupo placebo, la diferencia estimada según el tratamiento fue de un porcentaje de  −12,4 (IC 95%  −13,4 a −11,5; p inferior a 0,001).  También dentro de este grupo se mejoró significativamente los factores de riesgo cardiovascular (FRCV): la circunferencia de cintura, la HbA1c, la presión arterial (PA), los lípidos, y marcadores de inflamación como  la proteína C reactiva, y de la condición física frente al grupo placebo (medido por las escalas SF-36 y IWQOLLite-CT), aunque hubo (esperado) más efectos adversos gastrointestinales (vómitos, diarrea), si bien transitorios. 

**Hoy comentamos los resultados del STEP 8 que compara a la sema semanal a dosis de 2,4 mg frente a la lira 3,0 mg diario en el control del peso corporal de adultos con sobrepeso u obesidad valorando las diferencias de eficacia y seguridad (efectos adversos).

Ambos fármacos son análogos del GLP-1 original, sin embargo con cambios en su estructura que les permite reducir la degradación por los dipeptidil peptidase -4 (DPP-4), alcanza en  la lira una vida media de 13-15 horas y en la sema de 165 horas.

El STEP 8 es una fase 3 de un ECA a 68 semanas realizado en 19 lugares de EEUU desde septiembre del 2019 a mayo del 2021. 
El objetivo fue comparar la eficacia y efectos adversos de la sema semanal de 2,4 mg frente a  la lira 3,0 mg diario en un contexto de control de la dieta y actividad física en personas con sobrepeso u obesidad, o índice de masa corporal (IMC) ≥ 30 o ≥ 27 con una o más comorbilidades pero sin diabetes mellitus (DM).

Los pacientes se aleatorizaron en abierto pero en doble ciego con placebo en tres grupos (3/1, 3/1), una dosis subcutánea semanal de sema de 2,4 mg (16 semanas de escalada, n 126), o placebo, o una dosis diaria subcutánea de lira de 3 mg (4 semanas de escalada, n 127) o placebo, todos ellos con dieta y actividad física. Los pacientes que no toleraron la dosis de 2,4 mg de sema recibieron 1,7 mg, y los que no toleraron 3 mg de lira, interrumpieron el tratamiento y lo reintentaron a las 4 semanas.

El objetivo primario fue el porcentaje de cambio en el peso corporal y los secundarios alcanzar pérdidas del 10, 15, o 20% o más de peso corporal entre la sema frente a la lira en la semana 68.

De los 338 participantes  (edad media de 49±13 años, 78,4% mujeres) con un peso medio de 104± 23,8Kg, e IMC 37,5 ±6,8; 319 (94,4%) completaron el estudio y 271 (80,2%) el tratamiento.  Las diferencias frente al peso basal medio fueron de -15,8% en la sema y de -6,4% con la lira, o una diferencia de -9,4 puntos (IC 95% -12 a -6,8), lo que no es baladí.

En cuanto la probabilidad de alcanzar diferencias superiores al 10, 15 o 20% o más  en la pérdida ponderal con la sema frente a la lira, fue del 70,9% frente a 25,6%  de los participantes en el primer caso, (odds ratio) 6,3 (IC 95% 3,5 a 11,2),  del 55,6% frente al  12,0% en el segundo  OR 7,9 (IC 95% 4,1 a 15,4), y del 38,5% frente al 6,0% en el tercero OR 8,2 (IC 95% 3,5 a 19,1),  con una significación para todas ellas del p inferior a  0,001.
En cuanto al cese del tratamiento se dio en el 13,5% del grupo del sema frente al 27,6% de la lira. En cuanto los efectos gastrointestinales fueron parecidos entre ambos (84,1% en sema frente a 82,7% con lira).

Concluyen que en adultos con sobrepeso u obesidad y sin DM con consejos de dieta y ejercicio físico la administración de una dosis seminal de sema (2,4 mg) fue superior a una dosis diaria (3 mg) de lira al día en la reducción de peso en la semana 68 de seguimiento.

Apuntan para explicar las diferencias que la sema estarían más fuertemente asociada con reducciones de la sensación de ganas de ingerir (antojos, “cravings"), por mayor afinidad neuronal que la lira, lo que apuntaría con un mecanismo distinto en la regulación de ingesta calórica.

Domenica M Rubino, Frank L Greenway, Usman Khalid, Patrick M O'Neil, Julio Rosenstock, Rasmus Sørrig, Thomas A Wadden, Alicja Wizert, W Timothy Garvey, STEP 8 Investigators. Effect of Weekly Subcutaneous Semaglutide vs Daily Liraglutide on Body Weight in Adults With Overweight or Obesity Without Diabetes: The STEP 8 Randomized Clinical Trial, JAMA . 2022 Jan 11;327(2):138-150. doi: 10.1001/jama.2021.23619.PMID: 35015037 PMCID: PMC8753508 (available on 2022-07-11) DOI: 10.1001/jama.2021.23619

John P H Wilding, Rachel L Batterham, Salvatore Calanna, Melanie Davies, Luc F Van Gaal , Ildiko Lingvay, Barbara M McGowan, Julio Rosenstock, et al,  STEP 1 Study Group CollaboratorsOnce-Weekly Semaglutide in Adults with Overweight or Obesity..  N Engl J Med . 2021 Mar 18;384(11):989. doi: 10.1056/NEJMoa2032183. Epub 2021 Feb 10.PMID: 33567185 DOI: 10.1056/NEJMoa2032183

Kushner R F, CalannaS. Semaglutide 2.4 mg for the Treatment of Obesity: Key Elements of the STEP Trials 1 to 5.Obesity (Silver Spring). 2020 Jun;28(6):1050-1061. doi: 10.1002/oby.22794.

23 de febrero de 2022

El síndrome del ovario poliquístico (SOPQ) en adolescentes con diabetes tipo 2

El síndrome del ovario poliquístico (SOPQ) en adolescentes con diabetes tipo 2

Sobre el síndrome del ovario poliquístico (SOPQ)  hemos hablado poco, sin embargo es una complicación relacionada con la diabetes tipo 2 (DM2), con el síndrome metabólico (SM), la  obesidad (60-70% de las mujeres), la esteatosis hepática, y la diabetes gestacional (DG). Entidades que comparte un sustrato común, la insulinorresistencia (IR). El SOPQ aumenta a su vez el riesgo del cáncer de útero.

En general el  SOPQ afecta al 13% de las mujeres en edad reproductiva y se caracteriza por presentar  períodos anovulatorios u oligovulatorios con aumento elevado de los andrógenos, alteraciones menstruales y esterilidad (98%). La hiperinsulinemia, causante de esta entidad, reduce los niveles de la globulina transportadora de las hormonas sexuales (GTHS) lo que aumenta los niveles de testosterona libre que a su vez inhibe la maduración folicular.  A su vez la insulina (INS) aumenta la sensibilidad de la pituitaria en la liberación de gonadotrofinas las cuales estimulan la producción de la hormona luteinizante. Ésta junto con la INS actúan sinérgicamente sobre las células ováricas en la producción de andrógenos, los cuales reducen la producción de adiponectina aumentando la producción de INS. Es decir entrando en un circulo vicioso. Otro mecanismo implicado es la lipotoxicidad a su vez relacionado con hiperandrogenismo y la IR que al aumentar los ácidos grasos circulantes aumenta aún más la producción de andrógenos...

La realidad es que la RI con una hiperinsulinemia compensatoria se encuentra en entre el 40-70% de las mujeres con SOPQ lo que sugiere que un porcentaje parecido llegan a desarrollar la DM2, hipertensión, dislipemia y el SM  Presentan alteraciones metabólicas, de inflamación general, estrés del retículo endoplasmático, y glicación de las proteínas,...entre otras. Su diagnóstico se realiza por ecografía.

Hoy hablamos del SOPQ pero en la infancia, y lo hacemos pues la DM2 cada vez se presenta a edades más precoces. En comparación con los adultos su prevalencia a priori sería hasta el momento algo menor yendo del 1,14 al 11,04% de las adolescentes según los estudios y se diagnostica a partir de irregularidades menstruales y síntomas de hiperandrogenismo tras excluir otras causas.

Aunque la ecografía da el diagnóstico no está recomendado en muchachas que lleven menos de 8 años desde la menarquía pues es causa del sobrediagnóstico de esta enfermedad.
El objetivo de esta revisión sistemática con metaanálisis fue determinar la prevalencia del SOPQ en muchachas con DM2 y evaluar la asociación de la obesidad y de la raza de las muchachas con la prevalencia del SOPQ.

La revisión sistemática y metaanálisis posterior siguió las directrices de la Guía de Práctica Clínica (GPC) MOOSE  (Meta-analysis of Observational Studies in Epidemiology). Los estudios observacionales estudiados tuvieron más de 10 chicas con DM2 a la vez que estudiaban el SOPQ y fueron identificados a partir de las bases de estudios médicos  MEDLINE, Embase, CINAHL (Cumulative Index to Nursing and Allied Health Literature), Cochrane Central Register of Controlled Trials, y la Cochrane Database of Systematic Review. Se recabó información de toda aquella “literatura gris” no publicada en los ClinicalTrials.gov, Cochrane Central Registry of Controlled Trials, y la Web of Science hasta abril del 2021.

Se identificaron 722 estudios de los que 6 se introdujeron en el análisis, en total 470 muchachas con DM2, con edad media entre 12,9-16,1 años.

La prevalencia (porcentaje ponderado) del  SOPQ fue de  19,58% (IC 95% 12,02-27,14%; I2 = 74%; p 0,002), superior a lo esperado, pero con una heterogeneidad en los estudios de moderada a alta, que se redujo al excluir estudios que no documentaran criterios diagnósticos de  SOPQ, y en este caso la prevalencia (porcentaje ponderado)  subió al 24,04%(IC 95% 15,07-33,01%; I2 = 0%; p  0,92).
La falta de datos impidió sacar conclusiones relativas a la obesidad y a la raza.

Según este metaanálisis una de cada cinco chicas con DM2 tendrían  SOPQ. Con todo, los resultados deben interpretarse con precaución dado que un gran número de muchachas de los estudios no se documentaban que criterios se utilizaron para el diagnóstico de SOPQ. Faltan estudios con los que analizar la relación entre prevalencia del  SOPQ y la obesidad y la raza 

Milena Cioana; Jiawen Deng; Ajantha Nadarajah; Maggie Hou; Yuan Qiu; Sondra Song Jie Chen; Angelica.Original Investigation | Diabetes and Endocrinology Prevalence of PolycysticOvary Syndrome in Patients With Pediatric Type 2 Diabetes A Systematic Review and Meta-analysis JAMA Netw Open . 2022 Feb 1;5(2):e2147454. doi: 10.1001/jamanetworkopen.2021.47454. PMCID: PMC8848210 DOI: 10.1001/jamanetworkopen.2021.47454


20 de febrero de 2022

COVID-19: Las amputaciones durante la pandemia de la COVID-19

Las amputaciones durante  la pandemia de la COVID-19

Un dato al margen que me sorprendió de una comunicación (Bernd Kowall et al) a la anterior reunión de la EASD (European Association for the Study of Diabetes) sobre el comportamiento de los pacientes con diabetes (DM) en Alemania durante la primera fase de la epidemia de la  COVID-19 (Coronavirus Disease 2019), fue si bien en general sus resultados fueron mejores de lo esperado para una situación de confinamiento y miedo al sistema sanitario como causa de contagios fue que los ingresos por amputaciones de extremidad inferior (APEI) en pies diabéticos (PDM) aumentaron. Pensé en la explicación y concluí que era que la falta de cuidados sanitarios por un lado y la resistencia a consultar por otro había conducido a este resultado.  Sin embargo, leyendo este estudio que os comento pienso que epidemiológicamente se trata de un dato sesgado si no se compara con el resto de la situación epidemiológica, habida cuenta que la ausencia de APEI puede ser debido a que los pacientes susceptibles de tal complicación fallecieran justamente por la COVID—19 al ser  más susceptibles.

Dicho esto, sabemos que  las APEI es un resultado final de diversas complicaciones (arteriopatía, neuropatía, trastornos ortopédicos…) que van añadiéndose en devenir de esta enfermedad que van desde la úlcera diabética (UDP), a la infección, la gangrena…   y que se asocian directamente con la calidad y cantidad de vida del paciente con DM. Y que para prevenir este infausto resultado se precisa un control de las extremidades inferiores periódico (fundamentalmente enfermería), educación del paciente, y general de su control metabólico, de sus factores de riesgo cardiovascular (FRCV)… Aspectos todos éstos que se han trastocado con la epidemia de la  COVID-19. 

Se han publicado, como la comunicación de Bernd Kowall et al, datos de otros países variando según éstos, se ha aumentado las APEI entre 2-10 veces en EEUU, Italia, China o la India…

El estudio que comentamos es un análisis de una cohorte poblacional a partir de una base de datos sanitaria de la provincia de Ontario (Canadá) que cubre a 14 millones de personas, toda la atención hospitalaria, primaria.. dentro un sistema sanitario de pagador único. El estudio se hizo aplicando las directrices de la Guía de Práctica Clínica (GPC) STROBE (Strengthening the Reporting of Observational Studies in Epidemiology) para estudios de cohortes.
El objetivo fue evaluar la asociación de la pandemia de la COVID-19 con los resultados de salud en la DM2, en concreto las complicaciones podológicas y las APEI.

La población estudiada fueron todos los pacientes con DM de dicha provincia canadiense en los que se compararon las tasas de complicaciones entre enero del 2020 a febrero del 2021 frente aquellas entre enero del 2019 y febrero del 2020.

En marzo del 2019 se incluyeron a 1.441.029 personas con DM (media con rango intercuartil –RIC-  de 65 -55-74  años, el 52,1% varones) y en mayo del 2020  a 1.488.605 personas con DM (RIC de 65 -55-74  años, el 52,2% varones). Según este análisis las tasas de APEI en 2020-21 tras la pandemia se redujeron frente a las del 2019-20 o previas a ésta.
Las tasas de riesgo en forma de “rate ratios” (RR) prepandémico fueron de 1,05 (IC 95%  0,88-1,25) frente a las del periodo pandémico RR 0,86 (IC 95%, 0,72-1,03) entre mayo y julio al RR de  0.95 (IC 95% 0,80-1,13) entre octubre y diciembre.

Globalmente las tasas de evaluación de la atención diabetológica  y de la HbA1c se redujeron abruptamente y permanecieron inferiores al periodo  2019-20 (RR  0,28; IC 95% 0,28-0,28), al tiempo que las tasas de asistencia en los servicios de urgencia se redujeron a RR 0,67 (IC 95% 0,61-0,75), de revascularización abierta RR 0,66 (IC 95% 0,56-0,79), revascularización endovascular RR, 0,70 (IC 95% 0,61-0,81) y APEI menor RR 0,70 (IC  95% 0,60-0,83) al inicio pero que se recuperó al finalizar este estudio.

Concluyen que,  sorprendentemente la alteración asistencial que provoco la pandemia de la COVID-19 no estuvo asociada con un exceso de APEI en las personas con DM, que contrasta con los datos de otros países. Lo explican con diversos argumentos que van desde que los servicios hospitalarios no se sobrecargaron en la primera ola como en otros países y las restricciones duraron poco (al contrario que el nuestro); que los procedimientos quirúrgicos invasivos para evitar las APEI como revascularizaciones o amputaciones parciales se mantuvieron como prioritarias a pesar de las restricciones. O, la capacidad de evaluar la urgencia de los PDM, cura de UDP se mantuvo.. es decir no se dejo de hacer cosas para prevenir las APEI, como en el nuestro.

También, como apunté al inicio se comentan asimismo si el exceso de mortalidad en DM vulnerables resto APEI, algo que inicialmente no lo sugiere al comparar las poblaciones en dichos períodos.

Charles de Mestral, David Gomez, Andrew S Wilton, Douglas S Lee, Zaina Albalawi , Peter C Austin, Jean Jacob-Brassard , David R Urbach, Mohammed Al-Omran , Nancy N Baxter. A Population-Based Analysis of Diabetes-Related Care Measures, Foot Complications, and Amputation During the COVID-19 Pandemic in Ontario, Canada. JAMA Netw Open . 2022 Jan 4;5(1):e2142354. doi: 10.1001/jamanetworkopen.2021.42354.  PMID: 34985514 PMCID: PMC8733837 DOI: 10.1001/jamanetworkopen.2021.42354

Short Oral 695.  Effects of COVID-19 lockdown on health care for persons with type 2 diabetes in Germany: results from an electronic medical record database Health care delivery.  Part of session > SO 63 COVID-19: from the known to unknown. Speaker- Bernd Kowall -Essen, German

17 de febrero de 2022

Prevalencia y tratamiento de la Diabetes en China, 2013-2018

Prevalencia y tratamiento de la Diabetes en China, 2013-2018

Comentario de Joan Francesc Barrot de la Puente @JoanBarrot

Según las estimaciones de la 10ª edición del Atlas de la Federación Internacional de la Diabetes (IDF), la región del pacífico occidental representa el 38% del número total de adultos con diabetes (DM) y China el 25% en todo el mundo. 

La prevención y el control de las enfermedades no transmisibles es una prioridad de salud pública en todo el mundo. China ha puesto en marcha campañas de salud pública para promover comportamientos y alimentación saludable y la actividad física. En las dos últimas décadas, China ha experimentado un rápido aumento de la obesidad, con una estimación de prevalencia de sobrepeso del 65,3% para el 2030. 

La prevalencia de la DM en China aumentó de menos del 1% en 1980 a casi  el 11% en 2013. Una prevalencia estimada de DM del 11,2 % y de prediabetes (PRED) de 35,2% en 2015. Investigaciones anteriores mostraron bajas tasas de tratamiento y de control de la diabetes (DM) en China, en comparación con los Estados Unidos (EEUU).

El objetivo del estudio transversal que hoy analizamos era estimar las tendencias en la prevalencia, el tratamiento y los factores de riesgo de la DM en China en base a los datos de encuestas representativas a nivel nacional recopilados en adultos de 18 años o más. Unas tasas de respuestas alrededor del 95%. Se analizaron variables sociodemográficas, antropométricas, estilo de vida, análisis: glucosa plasmática en ayunas –GB- y hemoglobina glicosilada (HbA1c) en todos los participantes. La glucemia a las 2 horas de un test de tolerancia oral a la glucosa (TTOG) de 75 g para todos los participantes sin DM diagnosticada, y factores de riesgo cardiovasculares (FRCV) clásicos.  

El objetivo primario: la prevalencia de DM y PRED definidas según los criterios de la Asociación Americana de Diabetes (ADA). Los resultados secundarios fueron la tasa de conciencia (proporción de individuos con DM autoinformada y diagnosticada entre todos pacientes con DM), las tasas de tratamiento y de control de la DM (la proporción de personas con una HbA1c inferior al 7%) y las proporciones de los factores de riesgo para la DM. 

Los análisis finales incluyeron 170.287 participantes en 2013 y 173.642 en 2018. La edad mediana fue de 55,8 años y la proporción de mujeres del 50% en 2013 y 51,3 años de edad y 49,5% de mujeres en 2018. En 2018, el 50,1% de los hombres fumaban; el 44,4 % informó un bajo consumo de frutas y verduras, el 42,3 % informó un alto consumo de carne roja; y el 22 % reportó baja actividad física. Más mujeres eran fumadoras actuales y habían bebido alcohol en exceso (p inferior a 0,001). El 34,5% tenía sobrepeso y el 16,5% obesidad. Además, el 35,4% presentaba obesidad central. 

La prevalencia estimada de DM fue alta y aumentó significativamente del 10,9 % en 2013 al 12,4 % en 2018 (p inferior a 0,001). Una estimación más alta que la estimación global (8,3 % en 2019) pero inferior que en EE. UU (14,6 % en 2018). La prevalencia estimada de PRED fue del 35,7% en 2013 y 38,1% en 2018 (p  0,07). La prevalencia combinada de DM y PREDM en 2018 fue del 50,5%. 

Una minoría (4,5 %) de los participantes con DM conocían el diagnóstico en el momento de la encuesta de 2018. En ambas encuestas, las mujeres tenían una prevalencia significativamente menor de DM y PREDM que los hombres: mujeres, 10,2% frente hombres 11,7% en 2013 y 11,5 % frente a 13,3 % en 2018 (p inferior a 0,001).
La prevalencia de DM aumentó con la edad: 5% para personas de 18 a 29 años y 20,7% para los de mayores de 79 años en 2013; 5 % y un 27,3% en 2018 (p inferior a 0,001). En 2018, entre los adultos con DM, el 36,7 % conocía su diagnóstico y el 32,9 % recibían tratamiento, de los cuales el 50,1% la controlaba adecuadamente. No se observaron diferencias significativas entre 2013 y 2018.
De 2013 a 2018 disminuye el consumo de tabaco; el exceso de alcohol, la baja actividad física, con un incremento del consumo de carne roja, el sobrepeso, la obesidad y la obesidad central aumentaron significativamente (p inferior 0,001). Las mujeres tenían de manera significativa una mayor conciencia de DM y tasas de tratamiento que los hombres en ambas encuestas (todos p inferior a 0,001). Las tasas de conciencia, el tratamiento y el control de DM permanecieron bajos desde 2013 a 2018. La prevalencia y el tratamiento de la DM  variaron significativamente por sexo, grupo de edad y residencia.
El estudio presenta varias limitaciones: en primer lugar, los datos del estudio transversal no se pueden utilizar para determinar relaciones causales. Segundo, las variables autoinformadas  son susceptible al sesgo de respuesta e inexactitud. Tercero, las variables eran definidas de manera diferente a otras estimaciones de otros países, lo que puede limitar la comparabilidad. 

Este estudio representa el tamaño de muestra más grande de datos de China publicado donde se demostró una alta prevalencia de DM pero con escasos resultados en el tratamiento. La escasa concienciación, tratamiento y las tasas de control de la DM en China determinan un período para la acción (“Healthy China 2030”). Mucho trabajo por delante. 

Wang L, Peng W, Zhao Z, Zhang M, Shi Z, Song Z, Zhang X, Li C, Huang Z, Sun X, Wang L, Zhou M, Wu J, Wang Y. Prevalence and Treatment of Diabetes in China, 2013-2018. JAMA. 2021 Dec 28;326(24):2498-2506. doi: 10.1001/jama.2021.22208. PMID: 34962526; PMCID: PMC8715349.

IDF Diabetes Atlas 2021 10th edition. www.diabetesatlas.org

Wang L, Gao P, Zhang M, Huang Z, Zhang D, Deng Q, Li Y, Zhao Z, Qin X, Jin D, Zhou M, Tang X, Hu Y, Wang L. Prevalence and Ethnic Pattern of Diabetes and Prediabetes in China in 2013. JAMA. 2017 Jun 27;317(24):2515-2523. doi: 10.1001/jama.2017.7596. PMID: 28655017; PMCID: PMC5815077.


15 de febrero de 2022

Desintensificación del tratamiento con sulfonilurea e insulina después de una hipoglucemia grave

Desintensificación del tratamiento con sulfonilurea e insulina después de una hipoglucemia grave 

Comentario de  Fátima Villafañe Sanz

Los autores de este trabajo realizaron este estudio con el objetivo de responder a la siguiente pregunta: “¿Cuál es la incidencia de la desintensificación de las sulfonilureas (SU) o del tratamiento con insulina (INS) entre los adultos mayores después de un episodio de hipoglucemia grave?” 

Para contestarla se realizó un estudio de tipo cohortes retrospectivo en el que se incluyeron 76.278 adultos ≥ 65 años con diabetes tipo 2 (DM2) que durante el periodo comprendido entre el día 1 de enero de 2007 y el 31 de diciembre de 2017 habían acudido, al menos en una ocasión, a un Servicio de Urgencias Hospitalario (SUH) o que habían sido ingresados en un Hospital como consecuencia de una hipoglucemia grave.

Que una persona adulta mayor sufra hipoglucemia suele relacionarse con tratamientos antidiabéticos excesivamente intensivos. Por ello las Guías de Práctica Clínica (GPC) recomiendan la desintensificación individualizada de los fármacos inductores de hipoglucemias en adultos mayores que además presentan alto riesgo de desarrollar hipoglucemias.
En este estudio se analizó la incidencia de desintensificación del tratamiento con sulfonilureas SU e INS (los fármacos inductores de hipoglucemias más comúnmente utilizados en nuestro medio) 100 días después de la asistencia de la persona con DM en un SUH o tras el ingreso Hospitalario por hipoglucemia grave. No se incluyó en el estudio a aquellos sujetos que experimentaron estos episodios en sus domicilios y que fueron tratados en sus casas sin acudir a un Centro Hospitalario.

Se definió desintensificación como: 1.- la disminución de la dosis de SU, 2.- cambio de una SU de acción prolongada a otra de acción corta (glipizida), 3.- interrupción de la SU o (4) interrupción de la INS. 

Para conocer estos datos los investigadores se basaron en las dispensaciones de farmacia de los sujetos: 1.- el fármaco retirado en la farmacia en los 100 días posteriores a la atención era de una dosis más baja que el retirado con la receta previa a esta fecha, 2.- el sujeto retiró de la farmacia una glipizida en vez de otra una SU 3.- el sujeto no retiró en los 100 días posteriores a la atención ningún envase de SU de la farmacia o 4.- el sujeto no retiró en los 100 días posteriores a la atención ningún envase de INS en la farmacia.
La edad media de los 76.278 integrantes de la muestra fue de 76,6 años y entre ellos se registraron 106.293 episodios hipoglucémicos graves de los cuales 69.084 ocurrieron en mujeres (65%). En lo que respecta al fármaco que utilizaban las personas que sufrieron estos eventos, 32.074 (30,2%) ocurrieron en usuarios de SU, 60.350 (56,8%) en usuarios de INS, y el resto, 13.869 (13%), en usuarios tanto de SU como de INS.
Podemos observar que la mayor parte de los eventos ocurre en personas insulinizadas, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas frágiles de la muestra recibían ese fármaco, y dicho grupo, por sí mismo, es más susceptible a desarrollar complicaciones glucémicas.

En el aspecto descriptivo, comentar que del total de la muestra, se excluyó a 15.696 personas, un 11,5%, por haber fallecido en el periodo de los 100 días tras la asistencia médica.
Si atendemos a la tasa de desintensificación, podemos decir que fue más alta en aquellos tratados con SU e INS (6.677 episodios -48,1%-), seguido de los tratados con SU (12.192 episodios -48,1%-) correspondiendo por tanto la tasa más baja a los que eran tratados solamente con INS (14.495 episodios -24,0%-).
Además se evidenció que los sujetos mayores de 75 años tenían una probabilidad más baja que los más jóvenes de desintensificación si recibían un tratamiento solo con INS odds ratio (OR), 0,94 (IC 95%, 0,90-0,98). 

Si se comparan las desintensificaciones realizadas en 2007, con las realizadas en 2017, se objetiva un ligero aumento de manera que la desintensificación en aquellos tratados solo con SU pasó de ser el 41,4% al 49,7%; p inferior a 0,001. En aquellos tratados solo con INS, se pasó del 21,3% al 25,9%; p inferior a 0,001; y para los tratados con la combinación SU e INS del 45,9% al 49,6%; p  0,005.

Se analizó también la repercusión de la desintensificación sobre el estatus socioeconómico de los integrantes y se observó que las personas más pobres tenían menores probabilidades de desintensificación con independencia del tratamiento hipoglucémico que recibían: solo SU, OR  0,74 (IC 95%, 0,70-0,78); solo INS OR  71 (IC 95%, 0,68-0,75); SU e INS OR 72 (IC 95%, 0,66-0,78).

Los factores que se asociaron a mayor probabilidad para desintensificar el tratamiento fueron: pacientes frágiles, personas con enfermedad renal crónica (ERC), personas con enfermedad cerebrovascular, personas con alto riesgo de caídas y personas con depresión.

En definitiva, se encontró con que las tasas de desintensificación de SU y/o INS en los 100 días después de la visita al SUH o del ingreso hospitalario por hipoglucemia grave eran de menos de un 50%. Por esta razón concluyen que se necesitan mayores esfuerzos para identificar a las personas con alto riesgo de hipoglucemia recurrente y para fomentar prácticas de desintensificación del tratamiento adecuadas y equitativas para los pacientes hospitalizados con hipoglucemia para reducir la morbilidad y mortalidad asociadas a la hipoglucemia.

Anastasia-Stefania Alexopoulos, Anna R Kahkoska, Virginia Pate, Marie C Bradley, Joshua Niznik, Carolyn Thorpe, Til Stürmer, John Buse Deintensification of Treatment With Sulfonylurea and Insulin After Severe Hypoglycemia Among Older Adults With Diabetes. JAMA Netw Open . 2021 Nov 1;4(11):e2132215. doi: 10.1001/jamanetworkopen.2021.32215.


13 de febrero de 2022

Los iSGLT2 y el riesgo de gota úrica

Los iSGLT2 y el riesgo de gota úrica 

Hoy hablamos de un aspecto colateral de los inhibidores de la proteína transportadora de bomba de sodio-glucosa 2 (iSGLT2), que aún siendo una propiedad al margen de la familia no deja de tener su importancia. Hoy hablamos del posible efecto hipouricémico de los iSGLT2 y con ello preventivo del ataque de gota úrica. Lo hacemos a partir de dos estudios, uno reciente de Mu-Chi Chung et al publicado en  JAMA Netw Open y otro de hace dos años por Fralick M et al en  Ann Intern Med.

Y es que los iSGLT2 al tiempo que reducen los niveles de glucosa al actuar sobre el riñón mejorando la enfermedad renovascular (ERC) y cardiovascular (ECV) inciden en los niveles de urato plasmático
Por otro lado, la hiperuricemia es un factor consustancial a la insulinorresistencia (IR), al síndrome metabólico (SM) a la hiperinsulinemia, situaciones que actúan reduciendo la secreción urinaria de uratos. La hiperuricemia aumentaría la progresión de la ERC y de la ECV.
El 70% del ácido úrico se elimina por el riñón y los iSGLT2 al tiempo que actúan sobre la glucosa en este nivel son capaces por vía de la inhibición del la proteína transportadora de bomba de sodio-glucosa 2 de eliminar urato al concentrar la glucosa en el filtrado glomerular.
En estudios anteriores se sugiere que los iSGLT2 son capaces de reducir los niveles de ácido úrico entre 0,3 a 0,9 mg/dl y que probablemente éstos influirían en sus efectos sobre la MCV.

Por otro lado, es conocido que la hiperuricemia es la principal causa de la crisis de podagra, de artritis por microcristales de ácido úrico, de tal modo que podría plantear la hipótesis de que los iSGLT2 podrían prevenir estas crisis artríticas; sin embargo, es algo no estudiado en profundidad.

*El estudio de Fralick M et al, que ahora comentamos, comparó las tasas de gota úrica entre adultos que utilizaban un iSGLT2 frente aquellos que estaban en tratamiento con un análogo agonista del glucagon-like peptide-1 (aGLP1).
Se trató de un análisis de una cohorte retrospectiva de base poblacional a partir de una base de datos de aseguramiento sanitario (AU.S) entre marzo del 2013 y diciembre del 2017 de pacientes con diabetes tipo 2 (DM2) que en dicho período habían empezado el tratamiento por algún fármaco de dichas familias. Se excluyeron aquellos con antecedentes de gota úrica o que tomaban tratamiento específico.

El objetivo primario fue el diagnóstico de gota úrica en dicho período y a partir de éste se determinaron las tasas de riesgo según un sistema de regresión aleatoria proporcional Cox utilizando hazards ratios (HR).
Se identificaron a 295.907 individuos con DM2 que se les había prescrito alguno de dichos fármacos. La incidencia de gota úrica fue inferior entre aquellos que tenían prescrito un iSGLT2 (4,9 casos por 1000 persona-años) que los que estaban tratados con aGLP1 (7,8 eventos por 1000 persona-años) o un riesgo en forma de HR de 0,64 (IC 95% 0,57 a 0,72) o una diferencia de tasas de −2,9 (IC 95% −3,6 a −2,1) por 1000 persona –años.
Según este estudio  en pacientes con DM2 la utilización de iSGLT2 genera una menor tasa de riesgo de padecer gota úrica que aquellos con aGLP-1.

*El segundo comentario tiene que ver con los datos proporcionados ad hoc  de la base de datos de  Taiwan’s National Health Insurance (TNHI) entre la asociación de los iSGLT2 y la incidencia de gota úrica tomando como comparador la ingesta de inhibidores de la dipeptidil peptidasa 4 (iDPP4) en pacientes con DM2. A su vez estudiaron que tipos de pacientes se beneficiaron de esta terapia en relación con la prevención de estos ataques artríticos.

Se trata por tanto de un estudio de cohortes sobre pacientes DM2 incidentes de la TNHI entre mayo del 2016 y diciembre del 2018 analizados de manera retrospectiva con comparador en forma de pacientes en tratamiento con iDPP4. En total 47.905 individuos con iSGLT2 frente a 183.303 con iDPP4 analizados y de las mismas características en forma de parejas de propensión (propensity score–matched analyses) en junio del 2021.

En total 231.208 individuos con DM2 (49,2% mujeres con una edad media de 61,53±12,86 años).
La incidencia global de gota úrica fue de 20,26 1000 por paciente-años en los iSGLT2 y de 24,30 por 1000 paciente-años en  aquellos con iDPP4. Tras el ajuste por propensión la utilización de los iSGLT2 se asoció con un menor riesgo de gota, HR 0,89 (IC 95% 0,82-0,96) frente a los iDPP4, básicamente con aquellos que recibieron dapagliflozina HR, 0,86 (IC 95% 0,78-0,95). 
Introduciendo un análisis de sensibilidad del diagnóstico de gota con el consumo de medicación para esta entidad mostró una reducción significativa de un 15% de gota úrica en aquellos que consumían iSGLT2 frente a los iDPP4 HR, 0,85 (IC 95% 0,74-0,97). 

Con todo ello concluyen que en pacientes con DM aquellos que consumen iSGLT2 tendrían un menor riesgo (11%) de padecer gota que los que consumen iDPP-4.

Ambos estudios, aunque con diferentes resultados en incidencia, apuntan hacia lo mismo el valor hipouricemiante de los iSGLT2 se traduce en una prevención en los eventos artríticos por microcristales de ácido úrico.

Fralick M, Chen SK, Patorno E, Kim SC. Assessing the risk for gout with sodium-glucose cotransporter-2 inhibitors in patients with type 2 diabetes: a population-based cohort study. Ann Intern Med. 2020;172(3):186-194. doi:10.7326/M19-2610

Mu-Chi Chung; Peir-Haur Hung; Po-Jen Hsiao; et al. Association of Sodium-Glucose Transport Protein 2 Inhibitor Use for Type 2 Diabetes and Incidence of Gout in Taiwan JAMA Netw Open. 2021;4(11):e2135353. doi:10.1001/jamanetworkopen.2021.35353

9 de febrero de 2022

¿Nuestros pacientes modifican sus hábitos al ser conscientes de tener prediabetes?

¿Nuestros pacientes modifican sus hábitos al ser conscientes de tener prediabetes?

Comentario de Carlos H. Teixidó @carlos_teixi

Sabemos que hacer partícipes a los pacientes de su enfermedad, consigue, en líneas generales una mejor adherencia al tratamiento, mejores resultados en cuanto a objetivos y una mejor relación profesional-paciente. Sin embargo, cuantificar esta mejora es siempre interesante de analizar con el fin de valorar el esfuerzo que debemos dedicarle. 

En el año 2015, se publicó un estudio que analizaba los hábitos de salud de personas conscientes de su prediabetes (PRED) frente a las que no lo eran entre los años 2007 y 2010. En él, se mostraba una relación entre la propia consciencia de la enfermedad y una mejora en los hábitos relativos al ejercicio y la intención de perder peso. El artículo que hoy analizamos en el blog, es un estudio secundario basándose en los mismos cuestionarios, pero entre los años 2015-16.

Se trata de un estudio sobre la National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), basada en una encuesta transversal y bianual diseñada para ser representativa de la población de Estados Unidos (EEUU). Para ello, se analizaron 1.454 personas con PRED, de donde se obtuvieron dos mangas de 413 pacientes conscientes de su enfermedad y 389 sin conciencia de enfermedad. El resto hasta los 1454 no se incluyeron en la comparación. Los grupos finales fueron balanceados por índice de masa corporal (IMC), HbA1c, raza, educación y vecindario. Se analizaron encuestas donde se les planteaba el posible riesgo de desarrollar una diabetes tipo 2 (DM2), su estado de salud, el deseo de perder peso, hábitos de dieta y hábitos de actividad física. Los investigadores tomaron como pacientes sin conciencia de PRED, aquellos que referían no haber sido nunca informados de su condición. Es decir, ya sea que no fueron informados, o que olvidaron que habían sido informados.

Lo primero a destacar en los resultados es que el grupo de varones es significativamente mayor en el grupo de personas sin conciencia de PRED (42,9% frente 55,8%). Por otro lado, el grupo consciente de su PRED se realizó más análisis de rutina (80,2% vs 49,1%) y acudieron más a sus citas médicas, llevando así un mejor control médico de su patología.
Como cabía esperar, el grupo consciente de su PRED consideró tener un mayor riesgo de desarrollar DM2 en un futuro de forma estadísticamente significativa (67,1% vs 24,9%). Además, contestaron tener peor estado de salud que aquellos sin conciencia de PRED (p = 0,006), se consideraban más obesos y eran más propensos a creer que debían disminuir de peso (p menor de 0,001).
Sin embargo, y en contraposición a lo obtenido en el estudio de los años 2007-10, los pacientes no presentaron mejores hábitos en cuanto a la alimentación ni a la actividad física. De hecho, el grupo que desconocía su diagnóstico presentó mejores datos en cuanto a la actividad física diaria moderada (p = 0,001). 

En conclusión, la conciencia de PRED parece ir asociada a una peor percepción del estado de salud del paciente; pero a pesar de ello, no parece alterar ni sus hábitos alimentarios y ni los relativos al ejercicio. Los autores justifican estos resultados por la falta de percepción de gravedad de la DM2 y la ausencia de beneficio terapéutico en las personas con PRED.
Serán necesario estudio ulteriores que nos permitan aclarar cómo influyen los diferentes aspectos sobre los hábitos de salud y cómo podríamos trabajar con ellos desde el inicio tras el diagnóstico de PRED.

Cuídense.

Li E, Silverio A, Cunningham A, LaNoue MD, Mills G. Association of Prediabetes Status Awareness With Behaviors and Perception of Health. J Am Board Fam Med. 2021 Jan-Feb;34(1):224-230. DOI: 10.3122/jabfm.2021.01.200146. PMID: 33452101.

Gopalan A, Lorincz IS, Wirtalla C, Marcus SC, Long JA. Awareness of Prediabetes and Engagement in Diabetes Risk-Reducing Behaviors. Am J Prev Med. 2015 Oct;49(4):512-9. DOI: 10.1016/j.amepre.2015.03.007.  

6 de febrero de 2022

Se investiga si la nabilona, un cannabinoide sintético, podría ser útil en la obesidad

Se investiga si la nabilona, un cannabinoide sintético, podría ser útil en la obesidad

Hoy traemos aquí una noticia, no tanto un estudio, pues es un proyecto que se basa en una familia farmacológica de las que hablamos hace más de 10 años y que acabó con una cierta decepción. 

Epidemiológicamente se sabe aquellos que consumen marihuana tienen un índice de masa corporal (IMC) más bajo que aquellos que no la consumen, de ahí que se pensara que actuando sobre este sistema se pudiera perder peso.

Tuvo un cierto impacto hace algo más de diez años con los antagonistas de los receptores cannabinoides, el ya olvidado rimonabant que aún sus propiedades en la prevención de la diabetes tipo 2 (DM2) y de la enfermedad cardiovascular (ECV) fue precozmente retirado del mercado por sus efectos secundarios psiquiátricos.

Y es que la vía de los endocannabinoides era una opción pues fisiopatológicamente son capaces de reducir la grasa visceral -la circunferencia abdominal- y de mejorar el peso corporal además  factores de riesgo cardiovascular (FRCV) como HDL-colesterol, triglicéridos, glucemia, y hormonas como la insulina prandial, leptina-1, o adiponectina. 

El último estudio, que comentamos en este blog en agosto del 2010 fue el  Comprehensive Rimonabant Evaluation Study of Cardiovascular Endpoints and Outcomes (CRESCENDO) que sobre 18.695 pacientes aleatorizados con obesidad abdominal, mayores de 55 años con antecedentes cardio o cerebrovasculares,  9381 pacientes recibieron rimonabant (20 mg) y 9381 placebo, se hizo un seguimiento en base a un cuestionario sobre síntomas psiquiátricos o neurológicos al inicio, al mes y luego cada 3 meses. En el caso de sintomatología sugestiva de ideación suicida el estudio era interrumpido.  El estudio se interrumpió cuando el fármaco llevaba una media de 13,8 meses, cuando la terminación estaba prevista a los 33 meses. Concluyeron que fue capaz de prevenir eventos cardiovasculares (EvCV) o cerebrovasculares pero que era capaz de producir problemas psiquiátricos graves. Fue suspendida su comercialización en el 2008.

Hoy no hablamos del rimonabant si no de otro fármaco relacionado con esta familia, la nabilona, un cannabinoide sintético similar al Delta-9-tetrahydrocannabinol (Δ9-THC) procedente de la planta de marihuana. Un fármaco conocido para el tratamiento de las nauseas con un perfil de seguridad ya conocido, aprobado por la The Food and Drug Administration (FDA) en EEUU en el tratamiento de las náuseas producidas por los citostáticos en el tratamiento del cáncer , y en otros países como coadyuvante en el tratamiento del dolor neuropático, crónico, en la fibromiálgia y en la esclerosis múltiple. Es decir, es un fármaco conocido pero con otras indicaciones.  Por otro lado, en estudios en modelos animales ha mostrado su eficacia en la pérdida de peso, y por tanto a priori útil en el tratamiento de la obesidad.

Con esta base se ha diseñado un estudio en fase II en la facultad de medicina de la Universidad de Toronto (Canadá) con el propósito de estudiar su eficacia en la pérdida de peso en pacientes obesos sin que por ello tenga efectos psiquiátricos como el rimonabant. Sería el primer estudio en humanos al respecto.

Como efectos secundarios de esta sustancia están descritos la somnolencia, la boca seca, el vértigo y euforia.

El diseño consiste en captar y enrolar  en un ensayo clínico aleatorizado (ECA) a 60  varones y mujeres entre 25-45 años con un IMC superior a 30 kg/m2 que no hubieran utilizado cannabis anteriormente, aleatorizados a recibir una dosis baja (2 mg/día)  o alta (6 mg/día) de nabilona durante 12 semanas. Las cápsulas son de 0,5 mg y se dosificarán cada 12 horas.

Los objetivos primarios serán de seguridad (efectos adversos) y de viabilidad (abandonos durante el estudio): y secundarios sobre la efectividad en la pérdida de peso (cambios en el peso corporal y en la grasa abdominal). Otros objetivos secundarios incluyen los cambios en la microbiota intestinal (análisis de muestras de heces al inicio y a las 12 semanas), de marcadores metabólicos, como glucemia, insulina, colesterol, leptina, grelina al inicio, y a las semanas 5, 9 y 12; así como imágenes de actividad neuronal (por resonancia magnética nuclear) de la respuesta a la comida entre el grupo de intervención y el grupo control.

En fin, se vuelve a abrir un campo farmacológico que parecía cerrado, lo que no deja de ser una noticia esperanzadora para nuestros pacientes obesos.

A Pilot Trial of Nabilone for the Treatment of Obesity.  ClinicalTrials.gov beta website.
https://clinicaltrials.gov/ct2/show/NCT04801641

Marlene Busko. Trial Will Test Synthetic Cannabinoid for Weight Loss in Obesity. News- Medscape Medical News.  January 19, 2022

Topol EJ , Bousser MG, Fox KA, Creager MA, Despres JP, Easton JD, et al, for The CRESCENDO Investigators. Rimonabant for prevention of cardiovascular events (CRESCENDO): a randomised, multicentre, placebo-controlled trial. The Lancet 2010; 376 August 14, 2010

2 de febrero de 2022

Tendencias de la prevalencia de obesidad en adultos jóvenes de EEUU: resultados de los últimos 25 años.

Datos muy preocupantes sobre la obesidad en los adultos jóvenes

Tendencias de la prevalencia de obesidad en adultos jóvenes de EEUU: resultados de los últimos 25 años, 1976-2018.

Comentario de Enrique Carretero Anibarro @Enriq_Carretero

Hoy tratamos una comunicación que aunque breve nos parece traslada un mensaje de gran trascendencia: la obesidad en personas jóvenes. 

El tramo de edad que va de los 18 a los 25 años es una etapa de transición en la vida caracterizada por cambios y experiencias trascendentes que pueden ser determinantes en la personalidad, y que en última instancia conducen a la formación de hábitos de vida.

Son pocos los estudios que describen la obesidad en estos tramos de edad. En el mundo anglosajón los análisis suelen agrupar a estos individuos junto con los adolescentes (de 12 a 19 años) o con los adultos de 20 a 39 años, lo que limita bastante la validez de los resultados.

En este trabajo se examinan los cambios en la prevalencia de obesidad a nivel nacional (EEUU) entre los adultos jóvenes en las últimas 4 décadas. Para ello se utilizaron datos representativos a nivel nacional de la National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), los datos se extrajeron de una serie de encuestas transversales que incluyen entrevistas y exámenes físicos con un diseño de muestreo estratificado y multietápico. Se basaron en la NHANES II (1976-1980), NHANES III (1988-1994) y en los ciclos continuos de la NHANES desde 1999 hasta 2018.

Se limitó la población de estudio a adultos jóvenes, excluyendo embarazadas, de 18 a 25 años de raza negra o blanca no hispana con datos completos para las variables de interés (el 89,8% de la población definida tenía datos completos). Dados los cambios en la forma en que la NHANES ha evaluado la raza y la etnia a lo largo del tiempo, se restringió el estudio a los grupos poblacionales indicados.

El objetivo primario fue el índice de masa corporal (IMC), se clasificó el IMC en grupos: bajo peso (inferior a 18,5), peso normal (18,5-24,9), sobrepeso (25-29,9) y obesidad (≥30). Las covariables incluían el sexo (hombre o mujer), raza y etnia (negro no hispano o blanco no hispano), y la pobreza del hogar (sí o no). Se identificó la pobreza del hogar si el índice de pobreza de la NHANES estaba por debajo del umbral para ese año. No se incluyó la edad, dado el estrecho rango de interés.

Se estimó la media del IMC y la prevalencia de cada grupo de IMC junto con los intervalos de confianza (IC) del 95% utilizando los pesos de los exámenes de la NHANES. En los análisis de sensibilidad, se combinaron los ciclos continuos de la NHANES (1999-2018) y se realizó una regresión lineal o logística, según el caso, para comprobar la tendencia a lo largo del tiempo. La significación estadística se determinó mediante una p inferior a 0,05 de dos caras.

Fueron incluidos 8.015 adultos. De ellos, 3.965 eran mujeres, 3.037 eran negros no hispanos y 2386 cumplían los criterios de pobreza del hogar. Entre 1976 y 2018, la media del IMC aumentó del 23,1 (IC 95%: 22,9-23,4) en 1976-1980, al 27,7 (IC del 95%: 26,2-29,1) en 2017-2018 (p 0,006). 
Entre 1976-1980 y 2017-2018, la prevalencia de la obesidad aumentó del 6,2% (IC 95%: 4,9%- 7,9%) al 32,7%(IC 95%: 24,7%-41,8%; P = 0,007), mientras que el peso normal disminuyó del 68,7% (IC 95% 66,3%-70,9%) a 37,5% (IC 95% 29,5%- 46,4%; p 0,005). Los análisis de sensibilidad limitados a los ciclos continuos de la NHANES tuvieron resultados similares. 

Este trabajo detectó que desde 1976 hasta 2018 la prevalencia de la obesidad entre los adultos jóvenes en los Estados Unidos aumentó significativamente. 

Las limitaciones de este estudio incluyen que la población se limita a individuos negros no hispanos y blancos no hispanos, cuyos patrones pueden no ser generalizables a otras razas o etnias, así como la disminución en la tasa de respuesta de la NHANES a lo largo del tiempo.
Es sabido que la obesidad está asociada al desarrollo de numerosas patologías como la diabetes (DM), hipertensión (HTA), dislipemia etc... Los primeros años de la edad adulta son un periodo clave para la prevención y el tratamiento de la obesidad, ya que los hábitos adquiridos durante este periodo suelen persistir durante el resto de la vida. Por ello, sería interesante investigar cuales son los factores de riesgo que contribuyen al preocupante aumento de obesidad en los adultos jóvenes. Si averiguamos cuales son las causas de la obesidad en edades tempranas podremos diseñar intervenciones que puedan prevenir la obesidad y sus consecuencias.

Ellison-Barnes A, Johnson S, Gudzune K. Trends in Obesity Prevalence Among Adults Aged 18 Through 25 Years, 1976-2018. JAMA. 2021 Nov 23;326(20):2073-2074. doi: 10.1001/jama.2021.16685. PMID: 34812876; PMCID: PMC8611474. 

 

30 de enero de 2022

La COVID-19 y la diabetes tipo 1 en niños

La COVID-19 y la diabetes tipo 1 en niños

Sobre la relación entre la infección por el virus SARS-CoV-2 (severe acute respiratory syndrome coronavirus-2) y la diabetes (DM) hemos hablado en distintas ocasiones por diversos motivos que tienen que ver con la patogenia de la diabetes tipo 2 (DM2), por la destrucción de las células betapancreáticas y la insulinorresistencia, pero poco, con la diabetes tipo 1 (DM1), habida cuenta su falta de evidencias en relación a la autoinmunidad. Aún así, nos hicimos eco de alguna comunicación o ponencia en la última  81º reunión de la American Diabetes Association (ADA) sobre los datos que podía relacionar la DM1 en los niños y la COVID-19 (Coronavirus diseases 2019).

Previo a estas comunicaciones existía la sensación entre los médicos que atienden estos segmentos de edad de un aumento del número de niños que ingresaban por  DM1 en dicho período de tiempo cuando se los comparaba con períodos previos; los pequeños estudios al respecto al parecer lo avalaban, pero su asociación no se correspondía con una explicación fisiopatológica, si no más que en un cambio en la detección de la enfermedad más precoz debido a las condiciones especiales de la epidemia, fuera por detección antes de la manifestación aguda en forma de cetoacidosis diabética (CAD) o al revés. Pues también existió la percepción de que existían más casos de DM1 pero más graves, o sea más CAD al inicio de la epidemia, achacados  al retraso en solicitar ayuda por la especial circunstancia de miedo y confinamiento.

Hoy comentamos dos estudios, de distinto tamaño y ubicación que aborda esta cuestión y de los que se ha hecho eco medscape. Los hemos buscado y analizado.

El que tiene menos pacientes introducidos es el de Bethany L et al (JAMA Pediatr) realizado en el  Rady Children’s Hospital San Diego en Estados Unidos (EEUU), sobre la incidencia de DM1 entre los años 2020 y 2021, que a primera vista era superior años previos. Para ello se diseñó previamente un estudio retrospectivo a 6 años sobre datos electrónicos recogidos entre 2015-20 con los que evaluar y confirmar o no si hubo en dicho período más niños (menores de 19 años) con anticuerpos anticélulas pancreáticas ingresaron por CAD o que requirieran ingreso en Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) pediátricos por el debut de esta enfermedad. 

A todos ellos se les realizaron pruebas para detectar la COVID-19 (no anticuerpos). Entre mayo del 2020 y marzo del 2021 se identificaron a 187 niños (edad media 9,6 años, 106 niñas) con debut de DM1 que se compararon con 119 niños con estas características del año anterior (incremento del 57%). Sin embargo, solo 4 de los 187 pacientes (2,1%) tuvo la COVID-19 durante el tiempo del estudio. Se apreció un incremento en el porcentaje de niños que presentaron CAD, sin que las características de éstos variaran con respecto a los 5 años anteriores.
La limitación principal de este estudio es que no se determinaron los anticuerpos contra el SARS-CoV-2 en el momento del diagnóstico y que no se pudo añadir un denominador al estudio con el que extraer tasas poblacionales.

El segundo estudio está realizado en Europa, en Alemania por Clemens Kamrath et al (Diabetes Care)  y estudió la incidencia de DM1 en niños y adolescentes durante el período de COVID-19 en dicho país, y también en comparación con años previos.

Los datos se extrajeron del registro multicéntrico del  German Diabetes Prospective Follow-up Registry calculando la incidencia de la DM1 por 100.000 paciente-años entre enero del 2020 a junio del 2021.
Según este importante análisis en dicho período 5.162 niños debutaron con DM1 en Alemania.

La incidencia observada en 2020-21 fue significativamente más altas que la incidencia esperada de 24,4 (IC 95% 23,6-25,2) frente a 21,2 (IC 95% 20,5-21,9), o un ratio en la tasas de incidencias estimadas (IRR) de 1,15 (IC 95% 1,1-1,2, p inferior a 0,001). Lo que confirmó un incremento en la incidencia de DM1 en dicho período pandémico. El pico máximo de incidencia se retrasó 3 meses después del pico máximo de la COVID-19 y después de aplicarse las medidas de contención.

No se conocen las causas de esta mayor incidencia pero se apuntan que fueran efectos indirectos de la pandemia más que esta fuera causa de ésta.

Bethany L. Gottesman; Justin Yu; Carina Tanaka; et alChristopher A. Longhurst; Jane J. Kim, Incidence of New-Onset Type 1 Diabetes Among US Children During the COVID-19 Global Pandemic. JAMA Pediatr. Published online January 24, 2022.  doi:10.1001/jamapediatrics.2021.5801

Clemens Kamrath  ; Joachim Rosenbauer; Alexander J. Eckert; Kai Siedler; Heike Bartelt; Daniela Klose; Marina Sindichakis; Silke Herrlinger; Valentina Lahn; Reinhard W. Holl. Incidence of Type 1 Diabetes in Children and Adolescents During the COVID-19 Pandemic in Germany: Results From the DPV Registry Diabetes Care dc210969. https://doi.org/10.2337/dc21-0969

Miriam E. Tucker. Does COVID-19 Induce Type 1 Diabetes in Kids? Jury Still Out. News - Medscape Medical News. January 24, 2022


26 de enero de 2022

La remisión de la diabetes en la práctica habitual de la Atención Primaria

La remisión de la diabetes en la práctica habitual de la Atención Primaria 

Un tema recurrente en este blog, y de ahí su interés, es el de la remisión de la diabetes tipo 2 (DM2), digamos la curación de la misma, sea por métodos quirúrgicos (cirugía metabólica o bariátrica -CB) o mediante dieta y pérdida de peso.

A nuestro nivel causó sensación el estudio Diabetes Remission Clinical Trial (DiRECT), sus dos entregas, evaluaciones, que fueron comentados en este blog. Un estudio realizado en la Atención Primaria (AP), con intervenciones perfectamente aplicables y unos resultados esperanzadores a corto y medio plazo.

Como vimos se trató de un  estudio aleatorizado, pero no ciego, en  abierto,  no podía ser de otra manera, realizado en forma de agregados (clusters) en 49 centros de AP en Escocia y el condado de Tynesidem captados entre el 2014-2017, en 306 pacientes de  entre 20-65 años con DM2 diagnosticados en los últimos 6 años y un índice de masa corporal (IMC) entre  27–45 kg/m². 

Los objetivos primarios al inicio  fueron alcanzar una pérdida de peso de 15 kg o más y la remisión de la DM2. En este caso la remisión de la DM2  se definió como alcanzar y mantener una HbA1c de menos de 6,5% (menos de 48 mmol/mol) tras 2 meses de la retirada total de la medicación antidiabética que tomaba inicialmente al menos 12 meses. 

Al año del seguimiento el 24% del grupo de intervención (dieta hipocalórica)  y ninguno en el grupo control (p inferior a 0,0001) alcanzaron los 15 kg o más de pérdida ponderal. Al mismo tiempo el 46% del grupo de intervención y en 4% del grupo control se alcanzó la remisión de la DM2 siendo el odds ratio (OR) de 19,7 (IC 95% 7,8–49,8; p inferior a 0,0001).
A los dos años de seguimiento 11% del grupo de intervención y un 2% del control tuvieron una pérdida ponderal de al menos 15 kg, siendo el OR  de 7,49 (IC 95% 2,05-27,32; p=0,0023). La remisión de la DM2 se redujo a un 36% del grupo de intervención y un 3% del control o un OR 25,82( IC 95% 8,25 – 80,84; p inferior a 0,0001). Lo que demostró que las actuaciones en la pérdida ponderal y la remisión de la DM2 se podían mantener en el tiempo.

Sin embargo, el meollo de la cuestión del concepto de la “remisión” tiene que ver con el tipo de definición que se utiliza; que aunque son parecidas no son idénticas.

Así, en la  Primary Care Diabetes Society (PCDS- 2017) y la International Diabetes Federation (IDF-2009), mientras la primera obliga a alcanzar una HbA1c inferior a 6,5% o una glucemia basal (GB) de 126 mg/dl en dos ocasiones separadas por 6 meses, exige una pérdida ponderal y la completa interrupción de la medicación antidiabética; la segunda solo una HbA1c inferior a 6% sin medicación y al menos durante 6 meses. Otros autores Riddle  et al, hablan de HbA1c inferiores a 6,5% al menos 3 meses tras interrumpir la medicación o 6 meses después de empezar la modificación de los estilos de vida (MEV).

Así, conectado con el DiRECT, y  también realizado en Escocia, el objetivo del estudio que comentamos es el de estimar la prevalencia de la remisión de la DM2 en Escocia en el 2019 comparándolas con las características de las personas con o sin remisión de la DM2. La población fue captada del registro del Scottish Care Information-Diabetes (SCI-Diabetes) un subregistro derivado del propio del National Health Scottish (NHS) y que cuenta con el 99,5% de la población diagnosticada de DM.

Se trata, por tanto de un análisis transversal del mismo utilizando los requerimientos de la Guía de Práctica Clínica STROBE (Strengthening The Reporting of OBservational Studies in Epidemiolog) para estudios transversales, con el que seguir a todas las personas con DM2 con más de 30 años que estaban vivas el 31 de diciembre del 2019 y que alcanzaron la remisión en dicho período de tiempo en nuestra práctica habitual y valorar las características de éstos. 

La remisión se definió como mantener unos valores de HbA1c inferiores a  6,5% (48 mmol/mol) en ausencia de medicación hipoglucemiante con una duración superior a 365 días antes del 2019.

Se siguió una cohorte de 162.316 individuos que tenía al menos una HbA1c igual o superior a  6,5% en el momento del diagnóstico y al menos una determinación de HbA1c en el 2019 (el 78,5% de la población). Al inicio casi la mitad (56%) tenía una edad superior a los 65 años en el 2019 y el 64% una DM2 con una duración de al menos 6 años, el 74% de raza blanca, y un índice de masa corporal (IMC) de 32,3 kg/m².
De toda la población estudiada  7.710, o el 4,8% (IC 95% 4,7-4,9), alcanzaron la remisión de la DM2.

Los factores relacionados con la remisión fueron la edad (cuanto mayor más remisión) o una tasa aleatoria de riesgo en forma de odds ratio (OR) de 1,48 (IC 95% 1,34-1,62, p inferior a 0,001) en personas mayores de 75 años frente al grupo entre 45-54 años; una HbA1c inferior a 6,5% (48 mmol/mol) en el diagnóstico, OR 1,31 (IC 95% 1,24-1,39, p inferior 0,001) frente a una HbA1c 48-52 mmol/mol; no tener una historia previa de consumo de antidiabéticos orales OR 14,6 (IC 95% 13,7-15,5, p inferior a 0,001); pérdida de peso en el diagnóstico del 2019 OR 4,45 (IC 95% 3,89-5,10, p inferior a 0,001) más de 15 kg de pérdida frente a entre 0-4,9 kg de ganancia ponderal; y la existencia previa de una CB OR 11,9 (IC 95% 9,41-15,1, p inferior a 0,001).

Concluyen que en la práctica habitual de la AP de Escocia se producen un 4,8% de personas, o una de cada 20,  con DM2 fueron capaces de alcanzar la remisión de su enfermedad. La posibilidad de remisión se dio en personas más mayores, con un menor HbA1c en el diagnóstico, que no tomaban medicación antidiabética, que fueron capaces de perder peso o que tenía antecedentes de CB.

Mireille Captieux, Kelly Fleetwood, Brian Kennon, Naveed Sattar, Robert Lindsay, Bruce Guthrie, Sarah H Wild, Scottish Diabetes Research Network Epidemiology Group. Epidemiology of type 2 diabetes remission in Scotland in 2019: A cross-sectional population-based study. PLoS Med . 2021 Nov 2;18(11):e1003828. doi: 10.1371/journal.pmed.1003828. eCollection 2021 Nov. PMID: 34727107 PMCID: PMC8562803 DOI: 10.1371/journal.pmed.1003828

Lean MEJ, Leslie WS, Barnes AC, Brosnahan N, Thom G, McCombie L, et al Durability of a primary care-led weight-management intervention for remission of type 2 diabetes: 2-year results of the DiRECT open-label, cluster-randomised trial. Lancet Diabetes Endocrinol. 2019 May;7(5):344-355. doi: 10.1016/S2213-8587(19)30068-3. Epub 2019 Mar 6. 

Lean ME, Leslie WS, Barnes AC, Brosnahan N, Thom G, McCombie L, Peters C, et al. Primary care-led weight management for remission of type 2 diabetes (DiRECT): an open-label, cluster-randomised trial. Lancet. 2017 Dec 4. pii: S0140-6736(17)33102-1. doi: 10.1016/S0140-6736(17)33102-1. [Epub ahead of print]


23 de enero de 2022

La dieta mediterránea con productos marinos y ayuno intermitente

La dieta mediterránea con productos marinos y ayuno intermitente

Hoy traemos aquí un artículo muy completo sobre la nutrición humana y la salud, pues intenta resumir todas las evidencias encontradas hasta el momento y  relacionadas con la evolución antropológica del ser humano. Y todo ello en un momento en el que existe una cierta crisis de opinión con multitud de dietas, que van desde las veganas a las hiperproteicas...

Sin embargo, como explica esta revisión, el homo sapiens se ha ido adaptado a los ecosistemas que ha vivido obteniendo las calorías y nutrientes de una manera oportunística de las planta y de los animales de su entorno. Sería, por tanto, un ser omnívoro cuya prueba es su tracto digestivo. Así, posee desde encimas digestivos (sucrosas) para digerir vegetales como los herbívoros y otras (proteasas) para las proteínas animales, como los carnívoros.

El homo sapies cazador/recolector conseguía un 15-50% de sus calorías de los animales y el resto de vegetales. De ahí que las dietas veganas estrictas frente a las no vegetarianas, tengan como efectos beneficiosos un menor índice de masa corporal (IMC) y niveles más bajos de presión arterial (PA) y de lipoproteínas de baja densidad (LDL-c), pero el inconveniente de mayor riesgo de deficiencias en vitamina B12, proteínas de alta calidad, hierro, zinc, ácidos grasos poliinsaturados omega 3 (PUFA 03), vitamina D y calcio. Unas deficiencias que, si no se suplementan, son causa de alteraciones neurocognitivas, hematológicas e inmunodeficiencias. Se ha apuntado también que las dietas veganas estrictas pudieran ser causa de mayor riesgo de fractura, de sarcopenia, y de síntomas depresivos.

En sentido contrario, los individuos que ingieren dietas ovolácteovegetarianas no tendrían estas deficiencias. 

Como contrapunto, la dieta occidental hace un sobreabuso de carne, sobre todo procesada, proveniente de animales tabulados con frecuencia tratados con diversas hormonas y antibióticos, que incrementa el riesgo de enfermedades crónicas, cardiovasculares (ECV), diabetes (DM), y diversos tipos de cánceres. 

La solución ecleptica a esta disparidad de comportamientos nutricionales, según la evidencia científica y  delante de este dilema omnívoro, es la que proponen estos autores: la dieta mediterránea (medDiet) con productos marinos (Pesco-Mediterranean diet -PmedDiet), pues tendría las ventajas de la medDiet y de las proteínas aportadas por los animales del mar.
Plantean a la medDiet como el gold standard,  un estilo de alimentarse tradicional de la cuenca del mediterráneo basado en consumir alimentos vegetales de temporada (frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, y olivas) junto con alimentos provenientes del mar y aceite de oliva. Además de un consumo moderado de productos lácteos (queso, yogurt), huevos y moderadamente alcohol (vino tinto), pero poca carne roja y menos procesada.   Esto es la definición ideal, la real (según este bloguero) es que se consumía gran cantidad de cerdo, grasa de éste utilizada en la pastelería tradicional y gran cantidad de embutidos (al menos en Menorca).

De ahí que la adición de productos marinos a la medDiet añade nutrientes como los  PUFA 03 que tendría diversas cualidades protectoras cardiovasculares (CV). A su vez le consumo de pescado se ha relacionado con reducción del riesgo de insuficiencia cardíaca (IC) y del síndrome metabólico (SM), sobre todo si su consumo se hace en sustitución de otros alimentos menos saludables.

Se hace un repaso de  los resultados del PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) en la prevención primaria de ECV enfatizando que los grupos en tratamiento con aceite de oliva o frutos secos tras 4,8 años de seguimiento tuvieron una reducción significativa de eventos CV (EvCV) de un 29% dentro los que se incluía el infarto agudo de miocardio (IAM), accidente vásculo-cerebral (AVC), y de la mortalidad por cualquier causa (MCC); llegando al 42% en el AVC. Apuntan como ciertos metaanálisis que evaluaron la enfermedad coronaria según el tipo de dieta, fuera vegetariana o no en los países occidentales, comprobaron como la dieta pescovegetariana y la ovolacteovegetariana  reducía un 34% este riesgo, frente a un 26% de los veganos y un 20% de los que ocasionalmente ingerían carne. 

Este y otros estudios permiten estratificar a los vegetarianos, fueran veganos, ovolacteovegetarianos ...  mostrando como los pescovegetarianos tuvieron el menor riesgo en MCC, MCV, y mortalidad por otras causas. Algo que se demostró en el estudio European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition (EPIC) en 48.188 individuos seguidos durante 18 años.  En sentido contrario, los vegetarianos pero no los pescovegetarianos, tuvieron más alta tasas de AVC hemorrágicos frente a los ingerían carne.

En este sentido, los alimentos marinos son ricos en  PUFA 03, en zinc, yodo, selenio, vitaminas del grupo B, calcio y magnesio, al tiempo que aportan proteínas de alta calidad. Apoyando esto aportan dos revisiones sistemáticas, una sobre 106.237 madres e hijos y otra sobre 25.900 niños que muestran como el consumo de alimentos marinos se asociarían a beneficios dosis dependientes a nivel del desarrollo neurocognitivo, aunque  hasta un umbral a partir del cual abría que tener en cuenta el aporte de mercurio.

En cuanto a esta amenaza recomiendan ingerir pescados bajos en este metal pesado, fuera salmón, sardinas, trucha, arenque y anchoas (no comentan la caballa?) que a su vez tiene alto contenido en PUFA-03, además de otros alimentos marinos como las vieiras, camarones, langostas, ostras y almejas  altos en PUFA-03 y bajos en mercurio.

En cuanto al aceite de oliva y los frutos secos, fundamento del  PREDIMED, el primero tienen polifenoles bioactivos que son los responsables de sus beneficios cardiometabólicos, lipídicos, y de prevención de la DM. Los frutos secos son ricos en ácidos grasos insaturados, fibra, polifenoles, fitoesteroles, tocoferoles y minerales responsables de sus efectos cardiometabólicos, lipídicos, antiinflamatorios y de reactividad vascular. En el  PREDIMED los frutos secos mostraron una reducción del 28% en el riesgo CV sin aumentar el peso corporal.

Las legumbres, por su parte, otro integrante de medDiet,  son fuente de proteínas vegetales, magnesio, folatos, polifenoles y fibra. Su consumo también reduce el RCV y coronario, mejora la glucemia, colesterol, PA y peso corporal. Comentan que las legumbres como el pescado podrían sustituir a la carne roja y procesada como alimentos más saludables.
Los cereales integrales como la avena integral, el centeno, la cebada, trigo sarraceno, arroz negro y la quínoa serían parte de la medDiet y no afectarían al RCV y coronario. 

Los lácteos y los huevos son importantes fuentes de proteínas. Sin embargo, aunque los lácteos son fuente de minerales, vitamina D y de probióticos, no queda claro su papel en el RCV. En este sentido se recomienda el yogurt, el kefir, los quesos tiernos frente a la mantequilla y al queso curado  por su contenido en sal y ácidos grasos saturados.
Los huevos por su parte, al margen de ser una fuente inmejorable de proteínas (albúmina) aporta minerales (selenio, fosforo, iodo, zinc), vitaminas (A, D, B2, B12, niacina), carotenoides (luteina y ceaxantina); si bien es cierto que cada yema tiene alrededor de 184 mg de colesterol aunque su consumo no se haya podido relacionar con el colesterol plasmático ni con el RCV. Apuntan.

En cuanto a las bebidas, el agua, sería lo recomendable, por un lado; y el te y el café sin azúcar, también, pues que son fuente de polifenoles y están relacionadas con mejoría de los resultados CV. El vino tinto (uno o dos vasos  al día), por su parte,  sería un integrante habitual  en la MedDiet.

Otro aspecto colateral que últimamente ha mostrado unos resultados favorables y que introduce como parte del comportamiento saludable de la dieta es el conocido como ayuno intermitente, o aquel tiempo entre ingestas que no ingerimos alimento alguno, del que hemos hablado en algún post anterior. Y es que el ser humano ha estado sometido a períodos de ayuno obligado por falta de alimento en su devenir histórico, pues precisaba cazar, recolectar,  con períodos de hambrunas y otros de saciedad, lo que le ha hecho genéticamente resistente al ayuno intermitente.
Este comportamiento de forma regular reduce la adiposidad abdominal y la producción de radicales libres. Se ha demostrado que es capaz de reducir el riesgo de DM , ECV, cáncer y enfermedades neurovegetativas.

Tras 12 horas de ayuno nocturno los niveles de insulina (INS) son bajos y los depósitos de glucógeno se agotan por lo que el cuerpo moviliza ácidos grasos de los adipocitos que utilizar en vez de glucosa. Este hecho mejora la sensibilidad a la INS. Faltan con todo datos para poder recomendar cuál sería la ventana entre ingestas adecuada (2-3 ingestas diarias ?) para conseguir este efecto.

En fin, un artículo muy interesante de obligada lectura.

James H. O'Keefe; Noel Torres-Acosta; Evan L. O'Keefe; Ibrahim M. Saeed; Carl J. Lavie; Sarah E. Smith; Emilio Ros. A Pesco-Mediterranean Diet With Intermittent Fasting. Am Coll Cardiol. 2020;76(12):1484-1493. 


19 de enero de 2022

Relación de la fragilidad y el riesgo de insuficiencia cardíaca entre los adultos mayores

Relación de la fragilidad y el riesgo de insuficiencia cardíaca entre los adultos mayores

Comentario de Joan Francesc Barrot de la Puente @JoanBarrot

La fragilidad del anciano es un concepto relativamente nuevo en geriatría. Este “síndrome geriátrico” es un estado de mayor vulnerabilidad a factores de estrés endógenos y exógenos. La prefragilidad, representa una etapa temprana de deterioro fisiológico que puede ser potencialmente reversible con intervenciones efectivas. Es necesario identificar a las personas mayores de alto riesgo y apuntar estrategias preventivas dirigidas a reducir la progresión a la fragilidad.

La insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp) es el fenotipo más común de la insuficiencia cardíaca (IC) que se presenta en las personas mayores, además de un alto riesgo de mortalidad y hospitalización, asociándose con un deterioro funcional y mala calidad de vida. Esto es particularmente relevante considerando la creciente carga de fragilidad e IC entre adultos mayores. 

El editorial de Wannamethee demuestra la relación directa entre fragilidad e incremento de enfermedad cardiovascular (ECV), planteándose las primeras etapas de la fragilidad como una oportunidad para introducir un tratamiento eficaz para reducir las ECV. 

El estudio de cohorte que analizamos incluyó los participantes del estudio Atherosclerotic Risk in Communities (ARIC) obtenido del Instituto Nacional de Salud Biologic Specimen and Data Repository Information Coordinating Center (BioLINCC). 

El fenotipo de fragilidad utilizó los criterios de Fried. El prefrágil se identificó utilizando uno o dos de los criterios y el paciente robusto con ninguno. Se  analizó la función física mediante la puntuación de Short Physical Performance Battery (SPPB), la fuerza de agarre y la velocidad de la marcha (tiempo de caminata de 4 m). Estudios previos han demostrado que la puntuación de SPPB es un predictor independiente de mortalidad por todas las causas (MCC). 

Los eventos de mortalidad por todas las causas y la hospitalización por IC (HIC) se determinaron mediante el seguimiento anual de la cohorte. Se midieron los biomarcadores de lesión miocárdica crónica (troponina-T cardíaca de alta sensibilidad -hscTnT)) y estrés neurohormonal (péptido natriurético de tipo pro-B N-terminal (NTproBNP)). Análisis de las comorbilidades y covariables: edad, sexo, raza, nivel educativo, ingresos, presión arterial sistólica (PAS), índice de masa corporal (IMC), tabaquismo, ECV, diabetes tipo 2 (DM2), estatinas, Tasa de Filtración Glomerular estimada (FGe), colesterol ligado a lipoproteínas de alta densidad (HDL-c) y niveles de hemoglobina glicada (HbA1c) entre otras. 
Se utilizaron modelos de riesgos proporcionales de Cox multivariables para evaluar la asociación de las medidas de fragilidad y el riesgo de IC incidente.

El estudio incluyó 5.210 participantes (edad media 75 ± 5 años, 58% mujeres, 20% afroamericanos), de los cuales el 49,2% se identificaron como prefrágiles.  En los análisis ajustados, los prefrágiles (frente a los robustos) tenían más probabilidades de ser mayores, mujeres y de la raza negra. Además, mayor prevalencia de factores de riesgo CV (FRCV) tradicionales como HTA, DM2 e hiperlipidemia. Mayor riesgo de HIC  (p inferior 0,001) , mayor carga de lesión miocárdica crónica (p inferior 0,001), y estrés neurohormonal, (p inferior 0,001) después del ajuste para posibles factores de confusión. También se asoció de forma consistente con el riesgo de ICFEp pero no con la hospitalización por ICFEr hazard ratio, HR 1,73 (IC 95% 1,11-2,70) y 1,38 (IC 95% 0,90-2,10), respectivamente). 

Entre las medidas de deterioro funcional, los individuos prefrágiles tenían puntuaciones de SPPB más bajas, peor fuerza de agarre y tiempo de caminata de 4 m más lento frente a robusto; P <0,001 para todos. Durante una mediana de seguimiento de 4,6 años, hubo 232 (4,5%) eventos de IC (ICFEr: 44%; ICFEp: 41,8% , el resto indeterminado). En la mayoría de los análisis ajustados, un aumento de 1 unidad en la puntuación de Fried se asoció con un 33% más de riesgo de IC , HR 1,33 (IC 95% 1,01–1,74).

Entre las limitaciones del estudio: al tratarse de un estudio observacional los resultados pueden estar sujetos a sesgos de selección y confusión no medidos. Sin embargo, incluyó a más del 90% de los participantes libres de IC del ARIC y ajustamos varios factores de confusión biológicamente plausibles. Las limitaciones de los instrumentos de fragilidad utilizados, incluida la falta de evaluación de la pérdida de peso "no intencional". El bajo número de eventos de IC puede proporcionar imprecisiones en torno a las estimaciones de la razón de riesgo. 

En conclusión, observan que la presencia de prefragilidad, y el deterioro de la función física, se asociaron significativamente con mayor riesgo de IC, en particular ICFEp. Estos hallazgos destacan el papel potencial de la evaluación de rutina para los síndromes geriátricos, como la fragilidad y el deterioro funcional, como una estrategia eficaz para la identificación temprana de las personas mayores que pueden estar en un mayor riesgo de ICFEp. Se necesitan ensayos futuros para probar si las intervenciones de rehabilitación física para revertir la prefragilidad y mejorar la función física pueden reducir el riesgo de IC, especialmente la ICFEp. 

Segar MW, Singh S, Goyal P, Hummel SL, Maurer MS, Forman DE, Butler J, Pandey A. Prefrailty, impairment in physical function, and risk of incident heart failure among older adults. J Am Geriatr Soc. 2021 Sep;69(9):2486-2497. doi: 10.1111/jgs.17218. Epub 2021 May 29. PMID: 34050919.

Wannamethee SG. Frailty and increased risk of cardiovascular disease: are we at a crossroad to include frailty in cardiovascular risk assessment in older adults? Eur Heart J. 2021 Dec 22:ehab818. doi: 10.1093/eurheartj/ehab818. Epub ahead of print. PMID: 34935046.

16 de enero de 2022

Efectos de la dapagliflozina en la enfermedad renal con o sin insuficiencia cardíaca

Efectos de la dapagliflozina en la enfermedad renal con o sin insuficiencia cardíaca

Hay ciertas moléculas que tras el éxito que han mostrado sus grandes ensayos clínicos aleatorizados (ECA) han generado gran cantidad de subanálisis, de posthocs con los que matizar si cabe las acciones beneficiosas de éstas. Una de ellas es la dapagliflozina, un inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa 2 (iSGLT2), básicamente sobre el tema de la insuficiencia cardíaca (IC) con el ECA DAPA-HF (Dapagliflozin And Prevention of Adverse-outcomes in Heart Failure)  y de la enfermedad renal crónica (ERC) con el DAPA-CKD (Dapagliflozin and Prevention of Adverse Outcomes in Chronic Kidney Disease).

Por otro lado, IC es una patología que se da en pacientes con ERC lo que se ha relacionado con que la hipertensión arterial (HTA) podría ser común a ambas patologías y sobre todo en pacientes con diabetes tipo 2 (DM2). La arteriosclerosis generalizada sería probablemente la causa de que ambas patologías se dieran conjuntamente.

Hay estudios poblacionales realizados en EEUU como el ARIC (Atherosclerosis Risk In Communities), que hemos comentado en alguna ocasión que estiman una incidencia de IC de hasta tres veces superior en individuos con un filtrado glomerular estimado (FGe) inferior a  60 ml/min/1,73 m2  cuando se la compara con aquellos individuos que este parámetro se encuentra por encima de 90 ml/min/1,73 m2.  Datos del  US Renal Data System sugieren que el 30% de los pacientes con ERC tiene una IC al mismo tiempo.
En este sentido, se tenían datos del estudio CREDENCE (Canagliflozin and Renal Events in Diabetes With Established Nephropathy Clinical Evaluation) sobre el impacto de este fármaco en la prevención de la IC en pacientes con ERC y DM2.

Como hemos comentado en el DAPA-CKD la ERC significaba tener una FGe  entre 25 y 75 ml/min/1,73m2 y un coeficiente albúmina/creatinina (CAC) superior a 200 mg/g. En este ECA el  objetivo primario fue o la disminución sostenida en al menos un 50% de la FGe, o  el desarrollo en una ERC terminal (ERT), o la mortalidad derivada de la ERC, o la muerte cardiovascular (MCV).  El objetivo secundario, a su vez,  fue un compuesto renal (objetivo primario menos MCV), un compuesto de MCV ingreso por IC (HIC) y MCC. Este ECA se realizó sobre 4.304 pacientes con ERC, en los que el  68% de los participantes (2.906) tenían DM2 al inicio del estudio. El seguimiento medio fue de 2,4 años. Según este se demostró una reducción  del objetivo primario con un  hazard Ratio (HR) de 0,56 (IC 95% 0,45-0,68). Pero lo que nos trae aquí el comentario, es que el grupo tratado con la dapagliflozina 10 mg redujo las HIC y la  MCV, siendo su HR de 0,71(IC 95% 0,55-0,92). No se mostraron diferencias entre los pacientes con DM2 y los que no.

La idea este posthoc es valorar la HIC, resultados renales y la mortalidad en pacientes afectos de IC al inicio del  DAPA-CKD, pues se tiene la idea de que el desarrollo de la IC puede acelerar la caída del FGe entrando en un círculo vicioso que haga que una condición empeore la otra.
Colateralmente, se pensaba que la utilización de diuréticos en la IC podrían empeorar la función renal que se incrementaría al aumentar la diuresis con los iSGLT2 utilizados concomitantemente.

Así el objetivo de este análisis fue evaluar los efectos de la dapagliflozina en la ERC en los pacientes tengan o no IC del DAPA-CKD.

De este grupo de pacientes 468 (11%) tenía IC. El paciente estudiado era un paciente mayor, con enfermedad coronaria, fibrilación auricular (FA) y DM2. En este sentido, el FGe medio era similar en los pacientes con sin IC.
Las tasas de HIC o MCV o MCC fueron más altas en los pacientes con IC, aunque los objetivos secundarios renales se dieron de igual manera en personas con o sin IC. 

Así la dapagliflozina redujo el riesgo de presentar el objetivo primario en la misma proporción entre los pacientes con IC HR 0,58 (IC 95% 0,37–0,91) o sin ella HR 0,62 (IC 95% 0,51–0,75), p por interacción 0,59.  De ahí que las reducciones en el riesgo del compuesto MCV, HIC fueron iguales en pacientes con IC como sin ella HR 0,68 (IC 95% 0,44–1,05) frente a  HR 0,70 (IC 95% 0,51–0,97), p por interacción de 0,90. La MCC, sin embargo, la HR fue 0,56 (IC 95% 0,34–0,93) frente a  HR 0,73 (IC 95% 0,54–0,97) respectivamente, p por interacción 0,39, aunque la reducción del riesgo absoluto fue mayor en los pacientes con IC.

Con respecto al capítulo de eventos adversos fueron bajos y no difirieron entre aquellos con o sin IC.
Y es que si bien es cierto que el riesgo de HIC o de MCV o de MCC difiere de manera clara según la historia de IC (hasta 6 veces), el riesgo de ERC no. La dapagliflozina fue igual de eficaz en la reducción del riesgo de ERC, del compuesto de HIC o MCV y de MCC independientemente de la historia de IC al inicio.

Concluyen que la dapagliflozina reduce el riesgo de fallo renal y de MCV/HIC al tiempo que prolonga la supervivencia de los pacientes con ERC con o sin DM2, todo ello independientemente de su historia de IC.

John J.V. McMurray; David C. Wheeler; Bergur V. Stefánsson; Niels Jongs; Douwe Postmus; Ricardo Correa-Rotter; et al. Effects of Dapagliflozin in Patients With Kidney Disease, With and Without Heart Failure. JACC Heart Fail. 2021;9(11):807-820. 

Wheeler DC, Stefansson BV, Batiushin M, Bilchenko O, Cherney DZ, Chertow GM, et al. The dapagliflozin and prevention of adverse outcomes in chronic kidney disease (DAPA-CKD) trial: baseline characteristics. Nephrol Dial Transplant (2020) 1-12. DOI: 10.1093/ndt/gfaa234

McMurray JJV, Solomon SD, Inzucchi SE, et al; DAPA-HF Trial Committees and Investigators. Dapagliflozin in Patients with Heart Failure and Reduced Ejection Fraction. N Engl J Med. 2019 Nov 21;381(21):1995-2008. DOI: 10.1056/NEJMoa1911303


12 de enero de 2022

¿Cómo afecta la disminución de presión arterial a la incidencia de DM2?

¿Cómo afecta la disminución de presión arterial a la incidencia de DM2?

Comentario de Carlos H. Teixidó @carlos_teixi

Ya hemos comentado en anteriores ocasiones, que el contínuum cardiovascular (CV) es quizá la mejor manera de entender la patología crónica CV de nuestros pacientes. No es posible aceptar un buen control de la diabetes (DM) sin el consecuente manejo de la obesidad, de la hipertensión arterial (HTA) o de la dislipemia (DLP). Y es que, dentro del contínuum, el famoso 6,5% en los niveles de HbA1c que nos marca el inicio de la DM2 es sólo eso, una marca. No deberíamos caer en la falacia dicotómica del “con diabetes si 6,5%” o “sin diabetes si 6,4%”. Es una categorización. Nada más. Nos debe preocupar tanto un paciente en 6,4 como en 6,5%.

Aunque la reducción de la presión arterial (PA) es una estrategia válida para la prevención de eventos micro y macrovasculares en personas con DM2, el beneficio sobre la prevención de la DM2 en sí no estaba tan claro. Diversos estudios han sugerido que una disminución de 20 mmHg de PA se asocia a una reducción del 77% del riesgo de DM2. Sin embargo, la causalidad de esta asociación no quedaba clara. El artículo que hoy comentamos, trata de resolver esta cuestión.

Se trata de un metaanálisis de datos individualizados obtenidos de la base Blood Pressure Lowering Treatment Trialists’ Collaboration (BPLTTC) de la Universidad de Oxford entre los años 1973 y 2008. Fueron incluidos 145.939 pacientes con una mediana de seguimiento de 4,5 años. 

Los ensayos clínicos aleatorizados (ECA) incluidos en este metaanálisis tenían como objetivo principal o secundario la valoración de un antihipertensivo concreto o de un grupo de antihipertensivos frente a placebo o frente a otro antihipertensivo. Todos ellos con un seguimiento de, al menos, 1000 años-persona. Se usó como rama comparadora el grupo de placebo o el que hubiera obtenido menor disminución de la PA sistólica (PAS). Los pacientes con DM2 al inicio de cada estudio fueron excluidos por razones obvias. El paciente tipo del metaanálisis es un varón (60,6%) de 65 años con una PA previa 154/89 mmHg y sobrepeso. 

Se identificaron 9.883 casos nuevos de DM2 durante los 4,5 años de seguimiento, lo que supone una ratio de incidencia por cada 1000 personas-año de 16,44 (IC 95% 16,01- 16.87) en el grupo comparador y de 15,94 (IC 95% 15,47-16,42) en el grupo de intervención. En conjunto, una disminución de 5 mmHg en la PAS supuso una mejora en la incidencia de DM2 del 11%; el hazard ratio (HR) fue 0,89 (IC 95% 0,84-0,95). No se encontraron diferencias significativas en los subanálisis por subgrupos de índice de masa corporal (IMC). 

En cuanto a la relación entre la incidencia de DM2 y el antihipertensivo empleado se obtuvo una mejora con los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) y los antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA II) con respecto del placebo. Los IECA arrojaron un riesgo relativo (RR) de 0,84 (IC 95% 0,76- 0,93) y 0,84 (IC 95% 0,76- 0,92) los ARA-II. No se encontró diferencias estadísticamente significativas para el grupo de bloqueadores de los canales del calcio, RR 1,02 (IC 95% 0,92- 1,13). Por el contrario, el grupo de pacientes tratados con betabloqueantes (BB) y con tiazidas presentaron un aumento del riesgo de desarrollar DM2. En los BB el RR fue 1,48 (IC 95% 1,27-1,72) y en las tiazidas de 1,20 (IC 95% 1,07-1,35), ambas en comparación con placebo. 

La limitación principal del estudio fue que ninguno de los ECA incluidos en este análisis tenía como objetivo principal valorar la DM2 de nueva aparición. 

En conclusión, la disminución de 5 mmHg de PAS parece suponer una disminución del 11% de incidencia de DM2 de nueva aparición en menos de 5 años de seguimiento. El uso de IECA y ARA II como estrategias antihipertensivas podrían considerarse mejores opciones en este sentido, al llevar asociada una mejora de esta incidencia. 

Los autores del estudio valoran estos hallazgos como una oportunidad para los profesionales clínicos y los responsables en política sanitaria de valorar la necesidad de implantar medidas que modifiquen los factores de riesgo para la aparición de DM2, así como promocionar estilos de vida (EV) saludables o la elección apropiada del antihipertensivo en pacientes con otros factores de riesgo.

Cuídense. 

Nazarzadeh M, Bidel Z, Canoy D, Copland E, Wamil M, Majert J, et al. Blood pressure lowering and risk of new-onset type 2 diabetes: an individual participant data meta-analysis. Lancet. 2021 Nov 13;398(10313):1803-1810. DOI: 10.1016/S0140-6736(21)01920-6.

Emdin CA, Anderson SG, Woodward M, Rahimi K. Usual Blood Pressure and Risk of New-Onset Diabetes: Evidence From 4.1 million Adults and a Meta-Analysis of Prospective Studies. J Am Coll Cardiol. 2015 Oct 6;66(14):1552-1562. DOI: 10.1016/j.jacc.2015.07.059.