La HbA1c ha sido durante décadas el principal indicador para evaluar el control glucémico en personas con diabetes. Sin embargo, la llegada de los sistemas de monitorización continua de glucosa (MCG) ha permitido disponer de nuevas métricas que ofrecen una visión mucho más completa del comportamiento de la glucosa. Una de ellas es el indicador de gestión de la glucosa (GMI), un parámetro que estima cuál sería la HbA1c a partir de la glucosa media registrada por el sensor durante los últimos días. Es importante entender que el GMI no pretende sustituir a la HbA1c, sino aportar una perspectiva diferente y complementaria sobre el control glucémico.
Durante años se asumió que la HbA1c reflejaba de forma precisa la glucosa media de los últimos dos o tres meses. Estudios históricos como el Diabetes Control and Complications Trial (DCCT) y el United Kingdom Prospective Diabetes Study (UKPDS) demostraron que mantener una HbA1c más baja se asociaba con una reducción significativa del riesgo de complicaciones microvasculares y cardiovasculares, consolidando esta prueba como el patrón oro en el seguimiento de la diabetes. Sin embargo, la HbA1c también presenta limitaciones importantes: no informa sobre la variabilidad glucémica, no detecta episodios de hipoglucemia y puede verse influida por factores ajenos a la glucosa, como alteraciones en la vida media de los glóbulos rojos, anemia, hemoglobinopatías o determinadas enfermedades. (Sigue leyendo...)
