La ADA 2026 ha situado a la retatrutida como una de las moléculas más llamativas de la nueva generación incretínica. Su interés no procede solo de la intensidad de la pérdida ponderal, sino de la posibilidad de unir en una misma estrategia terapéutica el control glucémico, el abordaje del peso y la mejora de factores de riesgo cardiometabólico. Los datos del programa TRANSCEND-T2D-1, en DM2 precoz, y de TRIUMPH-1, en obesidad o sobrepeso sin diabetes, permiten leer la misma idea desde dos escenarios clínicos distintos: el agonismo triple GIP, GLP-1 y glucagón podría redefinir qué esperamos de los tratamientos metabólicos en los próximos años.
Cuando observo el panorama terapéutico actual de la DM2, tengo la sensación de haber entrado en una etapa distinta. La retatrutida es un agonista triple sobre los receptores de GIP, GLP-1 y glucagón. La incorporación de un ácido graso diácido C-20 favorece la unión a la albúmina y prolonga su semivida hasta unos seis días, lo que permite su administración por vía subcutánea una vez por semana. La novedad conceptual reside en la incorporación del componente glucagón: a la mejora glucémica y la reducción ponderal propias de los incretínicos se le suma un efecto sobre el apetito, el metabolismo hepático y el gasto energético. Era una pieza que faltaba, porque en las personas con diabetes la pérdida de peso que conseguimos con los fármacos disponibles suele ser menor que en quienes no la padecen. (Sigue leyendo...)














