Quizá un diamante, como decía un antiguo anuncio, sea para siempre, aunque lo dudo, pero lo que no lo es casi nunca es la prescripción y dosificación de un fármaco. El envejecimiento progresivo, la aparición de nuevos problemas de salud o el empeoramiento de los ya presentes, los avances en las estrategias terapéuticas con la comercialización de nuevos fármacos que mejoran el control y reducen las complicaciones y la mortalidad nos obligan, y ese es nuestro compromiso para con el paciente, a revisar de forma permanente los objetivos de control, así como el tratamiento, y ajustarlos a la medida de cada situación por la que discurre su historia vital. Dicho así parece fácil, pero no es ningún secreto que la inercia clínica es un enemigo contra el que debemos luchar permanentemente, y así nos lo han hecho ver numerosos estudios. Las razones son múltiples: formación insuficiente, falta de actualización de las guías, falta de tiempo, sobrecarga asistencial, falta de recursos…
La fragilidad es un concepto que va más allá del envejecimiento. Una persona frágil no tiene por qué ser anciana (aunque sea lo más frecuente) y una persona mayor no tiene por qué ser frágil (aunque esto también sea frecuente). Por otra parte, tampoco es lo mismo padecer una DM2 durante muchos años, con mayor probabilidad de desarrollo de complicaciones cardiovasculares y renales, que una DM2 de inicio reciente en una persona anciana. Lo que sí tienen todos estos casos en común, de cara al manejo y tratamiento de la DM2, es que los profesionales debemos ser especialmente cuidadosos a la hora de prescribir y dosificar los fármacos para su tratamiento. (Sigue leyendo...)














