27 de septiembre de 2026

Menos diagnóstico, más insulina: la paradoja del tratamiento de la diabetes en los países pobres

 

Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)

Este estudio transversal (Teufel et al., Nature Communications, 2025) analiza qué tipos de tratamiento hipoglucemiante utilizan las personas con diabetes en 62 países de renta baja y media (low- and middle-income countries, LMICs). Se agruparon datos representativos a nivel nacional de 223.283 adultos ≥25 años recogidos entre 2009 y 2019, mayoritariamente mediante encuestas STEPS de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La diabetes se definió por marcadores glucémicos (HbA1c ≥6,5%, glucemia basal ≥126 mg/dl o al azar ≥200 mg/dl) o uso de medicación.

Los hallazgos principales: el 51,9% de las personas con diabetes estaban sin diagnosticar. Entre las diagnosticadas, el 18,6% no tomaba ninguna medicación, el 57,3% solo antidiabéticos orales, el 19,5% orales con insulina (INS) y el 4,7% solo INS. En conjunto, cuatro de cada cinco diagnosticados usaban algún fármaco y cerca de una cuarta parte utilizaba INS, casi siempre combinada. (Sigue leyendo...)

El resultado más llamativo es el gradiente por renta: en los países de renta baja se diagnostica y trata a menos personas, pero entre los diagnosticados el uso de INS es dos tercios mayor (38,9% frente a 23,2% en países de renta media). Sin embargo, al incluir a todas las personas con diabetes (diagnosticados o no) en el denominador, el uso de INS se iguala (~11%), porque en los países pobres se diagnostica a muchos menos.

El patrón de uso variaba mucho entre países y regiones, pero no según el quintil de riqueza individual ni el sexo. El control glucémico fue mediocre (49,1%) e independiente del tipo de tratamiento.

El tamaño y la representatividad nacional de la muestra son notables y aportan datos empíricos donde antes solo había vacío. La disociación entre variación por país y ausencia de variación por riqueza individual es un mensaje de política sanitaria potente: el determinante es la cadena de suministro y el acceso nacional, no la capacidad de pago del paciente. La hipótesis de que la alta insulinización en renta baja refleje diagnóstico tardío (fenotipos más severos) o infraprescripción de fármacos ahorradores de INS —incluido el uso de glibenclamida, más barata que metformina en África subsahariana, pero que precipita el fallo secretor— resulta clínicamente sugerente. También es útil la comparación con países de alto ingreso (15-25% de INS), que valida los datos de renta media.

Las limitaciones son considerables y los autores las reconocen. No se distinguió tipo 1 de tipo 2 ni clases farmacológicas concretas, de modo que no puede juzgarse la idoneidad del tratamiento; resulta frustrante que «orales» agrupe realidades muy dispares. Los datos son antiguos y heterogéneos (2009-2019), previos a la penetración de las nuevas familias, por lo que la foto actual podría diferir. El diagnóstico y la medicación fueron autorreportados, con diferencias de redacción y orden de las preguntas entre encuestas que pueden infraestimar la INS en monoterapia frente a combinada. El carácter transversal impide inferir trayectorias, precisamente lo que los propios autores señalan como necesidad futura. Por último, algunas encuestas incluían muy pocos casos con INS, aumentando el error aleatorio.

En conjunto, un trabajo descriptivo sólido y útil para procurement, pero que deja abiertas las preguntas fenotípicas y de calidad prescriptiva que más interesan en la práctica clínica.





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